El Observatorio Nacional Ciudadano indica que migrantes mexicanos y centroamericanos sostienen el negocio de los tratantes, quienes han armado redes de locales e incluso de taxistas y clínicas de aborto

El tráfico de mujeres, niñas y niños de México a Estados Unidos con fines de explotación sexual responde a la demanda del mercado migrante, revela el informe «Lavado de dinero en la trata de personas» del Observatorio Nacional Ciudadano Seguridad, Justicia y Legalidad (ONC).

El análisis indica que es la comunidad de migrantes mexicanos y centroamericanos en el extranjero la que sostiene el negocio de los tratantes tlaxcaltecas que deja miles de millones de dólares a través de la esclavitud sexual en antros, botaneros, hoteles y bares ubicados en los estados y zonas con mayor concentración de trabajadores migrantes.

Las organizaciones civiles locales y nacionales han dicho que una parte fundamental que se debe combatir en el círculo de la explotación sexual es la responsabilidad de los consumidores que naturalizan y ejecutan los tipos de violencia machista y los roles patriarcales de mirar el cuerpo como mercancía y la dignidad como una concesión.

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El ONC señala que las redes de trata de Tlaxcala solo llegan a Estados Unidos y no han ampliado sus lazos más allá del continente debido al modo de tráfico que utilizan, –rudimentario, arcaico y a ras de suelo– ha logrado mantener -junto con las dosis de impunidad y protección de las autoridades- una red invisible de transporte, que va del halcón en las entradas de casa comunidad de Tlaxcala, hasta una red de taxistas en la Unión Americana que lleva a puntos específicos -hoteles, restaurantes, cafés y bares- a las mujeres captadas.

Esta condición además permite lo que los especialistas han llamado «el reciclaje» de las víctimas -moviéndolas de acuerdo a su edad y condiciones físicas- entre diferentes grupos de tratantes en México y el extranjero.

«Trabajamos mucho en Nueva York, ahí lo que encontramos es una inversión cara en taxistas. Los tratantes de Tlaxcala y Puebla que operan en Estados Unidos, muchos de ellos, por ejemplo, allá tiene que pagar por abortos, eso sí era una industria que tenían tremenda, el tema de los abortos, había hasta clínicas en la parte de Brooklyn que eran dónde estaban, dónde vivían esas comunidades (de tratantes y víctimas)», refiere uno de los involucrados en las redes de Tlaxcala.

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