El alumno exige cada vez más, por lo que los profesores no pueden quedarse al margen.


La labor docente es un reto, porque implica actualización constante, realizar investigación, idear propuestas para estimular el interés de los estudiantes y conducirlos a adquirir el conocimiento, además de ejercer una función tutorial, tanto para comprender el entorno de cada alumno relacionado con su aprendizaje, como para indicarle el camino de mejora de hábitos de estudio.

Por ello, “ser maestro significa estar en constante cambio y dispuesto a desaprender y volver a aprender”, asevera José Gaspar Rodolfo Cortés Riveroll, académico de la Facultad de Medicina de la BUAP. Con 37 años de antigüedad, el docente reconoce que más allá de la vocación, la educación continua es una parte importante del proceso de aprendizaje.

“El alumno exige cada vez más, por lo que los profesores no pueden quedarse al margen, aún con una gran vocación. El trabajo de clase debe planificarse, organizarse, ser impartido y finalmente evaluado para saber si tuvo la repercusión deseada. Puedo presentar el mismo conocimiento del año anterior, pero cada vez con un análisis distinto y mejorado”. La formación docente no cesa.

“Cuando no doy clase, sólo estoy pensando en cómo mejorar mis lecciones y qué nuevo estímulo puedo transmitir a los jóvenes para interesarlos en el conocimiento. Yo aprendo para enseñar”, expresa.

Rodolfo Cortés Riveroll, doctor en Historia de la Medicina, asegura que el tiempo que profesores y alumnos pasan en el aula es un pretexto para estudiar. En clase se plantean problemas, dudas, alcances y metodologías que los estudiantes deben encontrar con el estudio sistematizado y habitual. “Cuando ellos aprenden esta metodología, podemos estar seguros que nunca quedarán dudas sin respuesta o problemas sin resolver”.

Formación en tiempos de pandemia

De acuerdo con la UNESCO, mil 370 millones de niños y jóvenes en 138 países se han visto afectados con la pandemia global por COVID-19, por lo que la escuela y el hogar se convirtieron en el mismo lugar. Lo anterior, implica para los profesores deben diseñar lecciones en línea funcionales y basadas en el aprendizaje tecnológico.

En la anterior epidemia de influenza, Rodolfo Cortés Riveroll comenta que se vislumbró un panorama como el actual: “Los cursos en línea y el uso de plataformas se pusieron de moda, pero muy pocos entendimos el mensaje”. Hace cuatro años, la Academia de Historia y Filosofía de la Medicina, de la cual es miembro, diseñó el Curso Masivo Abierto en Línea (MOOC), de 45 horas, “Historia de la Medicina en el siglo XIX”.

Es un proyecto de Comunidades Digitales para el Aprendizaje en Educación Superior (Codaes), en colaboración con profesores de Historia de la Medicina de la UNAM y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Desde hace dos años, “este MOOC es obligatorio para nuestros alumnos de Medicina que cursan nuestra materia. Nosotros nos preparamos y esta es una forma -no la única- de hacer frente a estas contingencias”.

En la tarea de incorporar estrategias para un aprendizaje virtual, a la par de dar una mayor flexibilidad de estudio, la BUAP pretende ofertar 926 asignaturas en línea, cifra que representa 20 por ciento del total de la currícula del nivel superior. Con ello, se busca maximizar el aprovechamiento de las herramientas tecnológicas.

La tecnología facilita el aprendizaje y el papel del docente en este proceso es insustituible, refuerza el académico de la Facultad de Medicina.

“Las tecnologías no surgen espontáneamente, son ideadas y realizadas por maestros con el fin de llegar a más alumnos de los que se reúnen en un aula. Un alumno frente a una computadora realizando cualquier tarea siempre estará consciente de que hay un profesor que lo diseñó y lo acompañará”.

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