Lucía Romero tiene 65 años y es corredora de la carrera Antorcha Guadalupana México-Nueva York desde hace 12 años. “Mamá Luci” como le llaman los voluntarios que recorren con ella los más de 6 mil kilómetros, es una mujer fuerte no solo de cuerpo sino de espíritu.

Dice que no le duelen las piernas de tanto correr y caminar de día y de noche velando que la antorcha,- que es alimentada con estopa y brazas cada 40 minutos-, y que cuando le duelen un poco, recuerda que esa luz que provine del cerro del Tepeyac debe llegar a miles de familias de migrantes.

Ella hace 13 años perdió a su hijo en un accidente automovilístico. El era migrante y le había hecho la promesa de que se uniría a la carrera de la Antorcha Guadalupana si un día ya no estaba.

Desde entonces esta mujer originaria de Texcoco, Estado de México, es la que custodia el fuego de la fe de esta carrera que cumplió su XX aniversario y que este día hizo parada en la ciudad de Puebla.

En la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, ubicada en la colonia Aquiles Serdán, en donde se encuentra un alberge de migrantes, llegaron cerca de 60 personas, algunas corriendo y otras a bordo de camionetas que portaba a la Virgen de Guadalupe y las banderas de México y de Estados Unidos.

Ellos eran coordinados por Diego Abel Reyes, quien tiene 31 años y es originario de Naranjos, Veracruz. Contó que desde que tenía 17 años se unió a la carrera de la Antorcha Guadalupana como un apostolado.

Desde 2016 Diego se convirtió en el organizador de la carrera junto con Lucía Romero, quien ahora es una segunda madre para él. Desde el mes de mayo llega a Texcoco para preparar la logística de la carrera que recorre nueve estados de la República Mexicana y 13 de Estados Unidos.

Aunque Diego no puede cruzar la frontera por no contar con visa, se queda en la frontera esperando el regreso de “Mamá Luci” quien es la que corre cargando la antorcha por el puente Washington para bajar por Riverside Drive y llegar al Central Park, seguida de miles de corredores en su mayoría migrantes.

Para Luci y para Diego lo más importante es llevar el mensaje de esperanza y fe a miles de familias de migrantes. Los que están en México esperan que sus hijos o hijas algún día regresen a su país. Los que están en Estados Unidos tiene fe en que la Virgen de Guadalupe proteja a los suyos ya que ellos no pueden hacerlo.

A dos años de no haber realizado la carrera de la Antorcha Guadalupana por la pandemia de Covid la afluencia de seguidores disminuyó un poco, así como los recursos para solventar los gastos de combustible de las camionetas y de la estopa que utilizan para mantener vivo el fuego que tomaron del altar mayor de la Basílica de Guadalupe desde el 6 de septiembre y que este próximo 12 de diciembre llegará a la Catedral de San Patricio en Nueva York.

Explicaron que los gastos se solventan de la venta de playeras y de artículos religiosos que ofrecen a su paso por los estados que atraviesan, y que la comida y el hospedaje lo ofrecen las parroquias en las que van pernoctando durante más de tres meses.

Entre los corredores también se encontraba Alejandro Elizalde, un hombre de aproximadamente 40 años que es invidente. El al igual que mamá Luci es Texcoco y desde hace cuatro años recibe la antorcha en su ciudad y corre con ella para dar testimonio de fe.

Cuando no corre carga el estandarte de la Virgen de Guadalupe, bromea con mamá Luci y sus familiares, quienes lo siguieron en la carrera a pesar de no tener familiares migrantes.


Recordando al padre Gustavo Rodríguez Zarate, el protector de los migrantes


En Puebla fue el padre Manuel Romero Cagigal, coordinador de la Comisión Diocesana para la Movilidad Humana, quien recibió la Antorcha Guadalupana y ofició una misa de acción de gracias por el XX aniversario de la carrera.

El sacerdote, quien llegó a ocupar el lugar que dejó el padre Gustavo Rodríguez Zarate tras fallecer el año pasado, dijo que gracias al trabajo que hizo su antecesor a favor de los migrantes es que la parroquia se convirtió en un refugio para quienes están de paso por Puebla antes de seguir su camino a la frontera.

También agradeció a lo voluntarios, a las organizaciones de derechos humanos y las universidades que custodian el fuego de la Antorcha por tres meses, ya que sin ellos no sería posible que el mensaje de la Virgen de Guadalupe llegue a las comunidades.

Los corredores también lo recordaron al leer una semblanza de vida de Rodríguez Zarate, quien corrió con ellos por varios años con la Antorcha Guadalupana llevando un mensaje de esperanza a los municipios con mayor número de migrantes.