Al levantarse y al acostarse hay que cantar. Para ser feliz hay que cantar. Canta también si estás triste. “Todos podemos cantar, no importa que antes te hayan dicho que no podías hacerlo”: así, Victoria Ramón Franco anima a los cientos de alumnos de canto coral que ha visto pasar desde que tenía 23 años. Ahora, con 37 años, tras haber sido una de las maestras fundadoras de Orquesta y Coro Esperanza Azteca, y de haber atravesado el continente americano con su saxofón, como Lisa Simpson, descubrió que el mejor método para sacudir el sistema es el canto y la organización.

Dos son los recuerdos más valiosos de la directora coral. El primero es una anécdota que le contaron sus padres, Martha y Manuel, acerca de una noche en el Bar León de la Ciudad de México, donde la rumba era cultura, allá por la década de los ochenta: “Ellos bailaban con la música de la orquesta Original de Manzanillo de Cuba. El vocalista de ésta, al ver a mi madre embarazada, se acercó a ella y le dijo: ‘Va a ser niña, va a ser música y va a ser mi ahijada’”, cuenta Victoria.

El segundo es un recuerdo de 2017, de cuando ella y la pareja de activistas culturales Erich y Eve reflexionaron que las voces que cantan son más escuchadas que las voces que protestan, en medio una manifestación contra un gasolinazo, en una sucursal de Pemex en Atlixco, a la que solo acudieron ellos tres.

Así surgió la idea de realizar el Primer Festival Nacional de Coros Infantiles y Juveniles, que gestó con sus alumnos del Centro de Arte Musical Atlixco, A. C. (CAMAAC). Este había sido fundado el 24 de junio de 2014, con el sueño de acercar a su comunidad un proyecto que cambiara la vida de las personas en un efecto dominó.

De inicio, los integrantes de CAMAAC adoptaron el nombre de Pequeños Cantores de Atlixco, pero el paso del tiempo y su proceso natural de crecimiento hizo que se convirtieran en los Jóvenes Cantores de Atlixco.

Con ellos, Victoria ha desarrollado en método de enseñanza coral que replica en escuelas públicas y privadas, en clases para pequeños y para adultos, pues su misión en la vida es hacer posible que cualquier registro de voz pueda entonar una melodía.

Coros resistiendo a la pandemia

Victoria es consciente de que, para las mujeres, es más difícil visibilizar su trabajo, pero ella agradece que los obstáculos, en su caso, no hayan sido insalvables, y que pueda presentar hoy el 5to. Festival Nacional de Coros Infantiles y Juveniles Atlixco, a celebrarse del 23 al 26 de junio de 2022.

“En esta ocasión se trata de un festival especial al que también vendrán coros de personas adultas de ciudades cercanas. La pandemia disolvió algunos coros infantiles y juveniles, y otros más no cuentan con recursos para sus traslados”, afirma.

Para la directora coral es urgente retomar la realización de festivales, debido a que los alumnos necesitan presentarse ante públicos reales para avanzar en su proceso de formación, además de que las comunidades requieren de presentaciones artísticas de calidad.

También comentó que la pandemia fue un parteaguas en la enseñanza coral, debido a que las clases y los festivales se realizaron en línea, lo que provocó que algunos padres de familia decidieran que sus hijos sólo estuvieran conectados para trabajos escolares y no para actividades adicionales como el canto.

“En 2020 tuvimos que suspender actividades. En 2021 hicimos el festival en línea y este año los padres de familia, que siempre me apoyan, fueron los primeros en decidir que sí se realizara el 5to. Festival Nacional de Coros Infantiles y Juveniles. Éste es un trabajo colectivo que no lograría sin ellos”.

Victoria añadió que durante la pandemia surgió la Red Nacional de Directores y Coros de México, con la finalidad de agrupar y alentar las actividades corales en todo el país, señalando que desde ahí se comparten y promueven experiencias y seminarios de música y género.

A finales del pasado mes de mayo la directora coral y la flautista Kenia Luna, realizaron el performance “No estamos todas”. Ahí visibilizaron a músicas y compositoras a las que en vida se les negó reconocimiento o la publicación de sus obras, como Francesca Caccini y Barbara Strozzi. También recordaron a Ana Mozart, obligada por su padre a dejar la música para que no opacara a su hermano Amadeo.

“Actualmente sigue habiendo círculos muy cerrados en los que las mujeres no pueden entrar por considerarles de menor capacidad o talentos y por supuesto que sigue habiendo acoso o condicionamientos para que nosotras podamos acceder a ellos. Sabemos que son procesos muy largos que va a durar esto todavía muchos años más, pero seguimos abriéndonos camino”.

Esperanza Azteca y otros recuerdos

Victoria contó que Esperanza Azteca surgió en 2009 como una gran apuesta para cambiar el entorno de niños y jóvenes con la formación orquestal gratuita. Fue un proyecto que se gestó con los alumnos de la Universidad de Música Pacelli de la ciudad de Puebla, en donde ella estudió.

En un tiempo récord de seis meses, se montó un concierto para presentarlo en el Centro Cultural Ollin Yoliztli, en la Ciudad de México, ante todos los gobernadores del país. Gracias a este trabajo de los egresados de Pacelli, en 2013 las orquestas Esperanza Azteca se multiplicaron por todo el país. Sin embargo, poco a poco, el proyecto social se convirtió en un proyecto comercial, así que Victoria, en 2017, después de aquella protesta por el gasolinazo, al mismo tiempo que se replanteó su activismo y decidió realizar un festival de coros, optó por abandonar Esperanza Azteca.

No obstante, los recuerdos de las presentaciones, tanto en el Auditorio Nacional como en las ferias de diversos pueblos, los guarda entre sus partituras; en su estuche de saxofón resuenan las olas de las playas de Honduras, Costa Rica y Ecuador, a donde acudió como parte de un cuarteto. Y en su piano aún vibran las voces de los alumnos que recibió siendo niños y que, hoy, ya con voz grave, con cariño la llaman “mamá Vicky”.

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