En 1987, cuando Onán Vázquez Chávez tenía 22 años de edad, recibió una sentencia de muerte, fue diagnosticado con VIH, iniciaba la pandemia de SIDA. En 2022, a punto de concluir la pandemia de Covid-19, este guerrero es testimonio vivo de la lucha de la comunidad LGBTTTIQ+ en Puebla, él y otros más la iniciaron.

En el 2001, harto de la violencia y discriminación que sufrían las personas con VIH, fundó la asociación civil No Dejarse es Incluirse, conocida como Vida Plena Puebla, que hasta el año pasado realizaba pruebas de detección de VIH con el equipo “Geenius System” que robaron de sus oficinas.

A 20 años de activismo, Onán dialoga con URBANO Noticias sobre su preocupación principal, el incremento de contagios de VIH que se originó durante el confinamiento al que obligó el coronavirus.

Urgió a la Secretaría de Salud de Puebla presentar el panorama epidemiológico del SIDA ante Consejo Estatal para la Prevención del VIH, del cual es vocal, para conocer si la capital poblana, Huachinango y Tehuacán, siguen siendo los municipios con mayor número de casos.

“Eso permitiría saber cómo se mueve la epidemia, si las políticas públicas son efectivas. El VIH es una pandemia presente y latente, los casos se siguen registrando, pero no sabemos cuántos nuevos hay porque se interrumpieron las campañas de detección. En esta pandemia de Covid hubo violencia sexual, embarazos no deseados y contagios. Tenemos cuatro registrados”.

Al activista también le afligen las personas a las que les daban albergue, en ocasiones, en las instalaciones de Vida Plena, que tuvo sede en el centro histórico y en el barrio de La Acocota, hasta antes de ser víctimas de robo.

En ese espacio de cuatro paredes, Onán vio llorar a muchos jóvenes expulsados de sus hogares, sumidos en el abandono social y sin oportunidades laborales. En Vida Plena encontraron un hogar que los ayudó y reconfortó, a algunos hasta en sus últimos momentos de vida, recordó.

El rostro de Onán refleja su sangre mestiza y guerrera, que se ha regenerado con largos tratamientos médicos que le permiten continuar con vida, sonriendo y luchando por su causa.

Me contó que actualmente asesora a cuatro jóvenes que fueron despedidos por sus empresas y violentados por sus compañeros de trabajo, cuando se enteraron que eran portadores de VIH. Dos de ellos, denunciaron a la línea de autobuses Estrella Roja ante la Fiscalía General del Estado (FGE).

Inmediatamente regresa el tiempo en su memoria y recordó que en 1999 se fue a vivir a Berlín. Quería una vida plena, aquí no le daban trabajo por su enfermedad, y no solo eso, era discriminado y perseguido.

Cuando regresó por su pareja sentimental, José Juan González Zayas, para su nuevo inicio, juntos en Alemania, en el camino se cruzó el sub comandante Marcos y el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Su formación profesional, en lengua y literatura inglesa por la UNAM, hace a Onán un hombre cuidadoso en los detalles a la hora de narrar. Así, recordó que la Marcha del Color de la Tierra, en el 2001, significó un parteaguas no solo en el camino de la lucha zapatista, sino de miles de jóvenes que escucharon aquel mensaje de autonomía y defensa de derechos humanos.

Días después cuando Onán y José Juan tenían una fiesta de despedida en donde vivían, que era a seis calles de zócalo de la ciudad de Puebla, llegó una pareja gay a su casa brutalmente golpeados por la policía municipal porque los vieron dándose un beso en la calle.

En ese entonces era presidente municipal Mario Marín Torres. Fue una época de verdadero terror para la comunidad LGBTTT, había redadas especiales para agredir a homosexuales, sexo servidoras y transexuales.

A sus amigos tuvieron que atenderlos en una clínica privada en el Paseo Bravo, en la primera solicitud de atención hospitalaria para la pareja de ensangrentados, en el Seguro Social, los expulsaron argumentando que no era un hospital para “sidosos”.

José Juan recordó las palabras del sub Comandante Marcos: “organícense y defiéndanse”, así decidió que su destino no era en Berlín, sino en su tierra, Puebla, para defender y proteger a su comunidad.

Onán me confesó que primero no lo aceptó, pero tampoco estaba dispuesto a irse sin el hombre que amaba, así que se quedó con sus boletos de avión y surgió “Vida Plena”. Hoy agradece al universo haber tomado la decisión que cambió su vida y la de miles de personas que ha asistido.

Posteriormente, relató que la Marcha del Orgullo Gay la iniciaron él y Juan hace 21 años; y que se realizó durante 16 años de manera ininterrumpida. Actualmente no está de acuerdo con el liderazgo que encabeza APPS sobre la marcha, debido a que observa que su comunidad pudiera ser un botín político en venta.

Sin embargo, concedió el derecho de la duda, y de que las nuevas generaciones asuman el trabajo que varios activistas han realizado a favor de sus derechos, recordando que algunas como Agnes Torres, murieron a causa de la homofobia y lesbobitrasfobia que persiste en nuestra sociedad.

Onán tiene mucho más que contar y me prometió otra reunión para conocer como la nueva pandemia, lo llevó a replantearse una actividad alternativa, que actualmente es su sustento y el de dos amigos más, la panadería en línea “La Reina del Avispero”.



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