Cada año el tercer domingo de junio se celebra el Día del padre y aunque no tiene un día fijo como el día de la madre, tiene detrás, el homenaje que una mujer quiso hacer a su padre y cuyo nombre era Sonora Smart Dodd, que al perder a su madre cuando tenía 16 años, fue testigo de todos los sacrificios que tuvo que hacer su padre para criar a 6 hijos, después de quedar viudo. Ella nunca olvidó la devoción que mostró su padre, que era granjero y veterano de la Guerra Civil, al hacerse cargo de sus hijos y aún cuando ya estaba casada, seguía agradeciendo la labor de su padre y fue durante un sermón religioso sobre el día de la Madre, que tuvo la idea que debería existir también un día para homenajear a los padres y no se quedó con la intención sino que inició una petición ante la Alianza Ministerial de Spokane, para sugerir que los padres también fueran homenajeados durante los servicios religiosos y propuso el 5 de junio que era la fecha de nacimiento de su propio padre. Su solicitud fue aceptada pero por estar muy próxima la fecha, decidieron establecerla para el 19 de junio de 1910 que era el tercer domingo. Se sumaron la mayoría de las iglesias de Spokane y alrededores, llegando la iniciativa incluso al alcalde la ciudad y al gobernador del estado de Washington, que también proclamaron el Día del Padre. Fue hasta 1966, que el presidente estadounidense Lyndon B. Johnson firmó una resolución en la que decidía que el tercer domingo de junio debería ser el Día del Padre y de ahí se siguió adoptando en otros países para honrarlos.

Hoy por tanto, toca honrar a los papás y me refiero a los hombres que ejercen ése rol, no es un día para honrar a las mamás que por circunstancias particulares tuvieron que enfrentar solas la crianza de los hijos, porque ellas nunca dejaron de ser mamás, tuvieron que hacerse más fuertes, esforzarse más y construir emocionalmente la imagen faltante del padre ausente, pero siempre desde su propio rol de cuidado materno y eso, merece un reconocimiento completamente aparte, porque se requiere de mucho amor para lograrlo, por eso hoy quiero hablar de esos hombres que decidieron ejercer la paternidad, ser el ése soporte, apoyo, protección que sus hijos requerían, porque también cuando hablamos de paternidad, hablamos de elección porque hay hombres que eligen ejercerla para los hijos de otros que decidieron irse o fallecieron. Hoy es un día de celebrar a esos padres por elección, que cada vez se involucran más en la crianza de sus hijos, que ejercen una paternidad activa, basada en el soporte emocional y la convivencia significativa, que intentan abrir canales eficientes de comunicación y guían a sus hijos física, mental y emocionalmente, pues los padres que sólo representan el sustento económico, se quedan cortos y los hombres de hoy lo saben porque lo vivieron y están haciendo su mejor esfuerzo para hacer aquello que ellos mismos no tuvieron, enfrentándose a situaciones de las que no tuvieron un ejemplo, pero están decididos a brindar ese acompañamiento a sus hijos (propios o elegidos) y es a ellos a quienes debemos reconocer.

No podemos olvidar a los padres postizos que a pesar de tener sus propios hijos, acompañan a sus hijas, hermanas, sobrinas, incluso nietas, en la crianza de sus hijos y en el soporte emocional de los mismos y cuyos títulos incluso se llegan a mezclar, porque representan para esos niños un sustituto de esa figura ausente. Esos padres hacen toda la diferencia en el desarrollo de un niño y lo digo por experiencia, porque lo viví y agradezco profundamente que mi tío haya estado y siga estando para mi y sé que muchas personas también han tenido padres postizos que los han acompañado a lo largo de su vida, a ellos también hay que homenajearlos.

Tampoco podemos olvidar a los padres que decidieron no ejercer su paternidad, que se fueron, que renunciaron a ése privilegio de ver crecer a sus hijos, pero que no dejan de ser padres pues esos hijos a los que renunciaron, existen gracias a ellos y aunque muchas veces no se puedan comprender sus razones, también hay que darles un lugar, por dar la vida y en muchos casos, agradeciendo que reconocieron sus limitaciones para ejercer tan importante rol y decidieron apartarse, dejando el espacio para que alguien sí estuviera dispuesto, ocupara ése importante lugar o aquellos que simplemente se convirtieron en un recuerdo o incluso en un ejemplo para esos hijos, del costo de esa decisión.

A todos los papás les hacemos llegar desde éste espacio un merecido reconocimiento, esperando que su labor sea valorada como debe ser. ¡Felicidades!

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¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.