Es muy común escuchar en todos los espacios de discusión que ya no hay machismo, que eso ya no se ve, que las mujeres ya tenemos derechos, nos llaman exageradas, se burlan e invalidan las movilizaciones; lo niegan, pero el machismo sigue vigente, sus argumentos y actitudes están normalizados, protegen a los agresores, se mantienen pasivos ante “chistes” sexistas y misóginos o prácticas de acoso y violencia.

A las feministas, a las defensoras de los derechos de las mujeres nos ponen sobrenombres, nos insultan y nos persiguen; se ha vuelto común la violencia digital en las cuentas de redes sociales de muchas mujeres, que son acosadas y amenazadas (de violación o de muerte) por el hecho de expresarse a favor de las marchas por la exigencia de nuestros derechos, por colocar ciertas imágenes o colores en sus perfiles; es cuando nos damos cuenta de que no sólo aquellos hombres (mujeres machistas también) que tenemos entre nuestros contactos, que son cercanos o conocidos, cuestionan nuestras posturas o se burlan de nuestros estados que compartimos; y todo el sistema patriarcal que no escapa de las redes, por éstas nos eliminan contenidos de protesta y luchas; en cambio, se vuelve ciego (más bien cómplice) de pederastas, proxenetas y explotadores que usan estas tecnologías para operar y violentar.

Normalizan la prostitución, la pornografía, la maternidad subrogada, ahí sí dicen que tenemos derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, ahí sí reclaman que espacios como Pornhub desaparezcan, porque “violamos sus derechos” (la explotación del cuerpo y sexualidad de las mujeres no es ningún derecho, ni es trabajo); pero cuando exigimos que el aborto sea seguro, que deje de criminalizarse, entonces se cuestionan las decisiones sobre nuestros cuerpos; en fin, que cuando no es para el disfrute y servicio de los hombres, se vuelve un problema, porque pierden el control sobre nuestros cuerpos, porque su doble moral los delata en sus machismos y castiga a las mujeres que no siguen los modelos del deber ser por y para los hombres.

Nos criminalizan por exigir nuestros derechos, la cacería de brujas ha sido cuando más miedo han tenido de perder el poder, lo han implementado para dividirnos, porque juntas somos más fuertes, cuando saben que hemos roto con la tradición del silencio, cuando hemos recuperado los espacios que también son nuestros y que nos los prohibieron, porque les incomoda saberse machos aunque aseguren que son de izquierda o que toman roles impuestos a las mujeres como criar, hacer labores del hogar, cuando aseguran que ya no hay machismo porque se dignan a vivir su paternidad como “ayuda”, por hacerse un poco responsables en la convivencia cotidiana, y además de todo, se enojan si no les aplaudimos tremendo esfuerzo.

Condenan y persiguen más a quienes luchan por cambiar esta realidad construida por el patriarcado en contra de la vida de mujeres y niñas, mientras siguen normalizando y encubriendo a los agresores, asesinos, violadores y proxenetas, esos que el mismo sistema termina protegiendo por la falta de interés en aplicar las leyes y generar las condiciones necesarias para que las mujeres podamos contar con la seguridad de desarrollarnos plenamente sin miedos ni obstáculos; porque ahora los que están en el poder pretenden legislar desde sus prejuicios y morales que claramente atentan contra nuestros derechos y nuestras vidas, sus machismos les lleva a discutir sobre cómo controlar nuestros cuerpos y no sobre cómo garantizar nuestros derechos, sus narrativas se basan en las violencias y en prácticas feminicidas.

No, no disfrutamos de nuestros derechos, porque estos siguen siendo controlados y dados a cuentagotas, porque algunos han sido aceptados después de luchas largas, represiones, encarcelamientos, asesinatos, cacerías de brujas (si no lo sabe, o cree que somos exageradas, lea la historia del movimiento feminista); pero otros muchos derechos son violados todos los días de nuestras vidas, porque aun cuando reclaman que ya estudiamos, que trabajamos, que tenemos representación en los puestos públicos y políticos, sólo miren en qué condiciones los estamos viviendo; porque el feminismo interseccional ha demostrado que los problemas y violaciones a derechos que unas enfrentamos por los espacios y contextos en los que hemos nacido, otras ni siquiera tienen la información sobre cuáles son sus derechos, y todos estos problemas importan y tiene que ser atendidos por el Estado.

No sólo los feminicidios son la evidencia de la misoginia, todos los días nos enfrentamos con expresiones que demuestran las prácticas machistas y de desigualdad tan vigentes; no matarnos, no golpearnos, no prostituirnos, no violarnos, no es suficiente; negar el machismo que se practica en todos los espacios, todos los días, sólo hace que permanezca generación tras generación.

Que los hombres sean menos machistas o que nos violenten menos, no es la meta y no es suficiente, las feministas luchamos por destruir y erradicar el sistema patriarcal; esta lucha no aún termina, porque el camino aun es largo, pero la historia nos ha demostrado que avanzamos.