Las mujeres estamos intentando resistir a todas las formas de riesgo que enfrentamos actualmente, a casi dos meses de vernos a miles de mujeres en las calles, hoy se nos pide estar en casa, pero no estamos calladas ni pasivas, seguimos acompañando a otras mujeres y seguimos trabajando en redes ante las violencias machistas.

Aunque se hablan de estadísticas, no existen datos claros sobre la situación real de las mujeres en estos momentos y la violencia que estamos enfrentando, los bancos de datos no muestran las diversas formas de agresiones y riesgos en los que se encuentran las niñas y mujeres; del total de las llamadas de emergencia que se informan, no indican cuántas de estas fueron acompañadas para generar las denuncias y se llegue a la protección efectiva de todas ellas; mucho menos, cuántos casos están llegando a una sentencia satisfactoria.

Aun anticipando la situación que se viviría en los hogares durante el confinamiento, hasta el momento no se observan políticas integrales que sirvan para garantizar la seguridad y la vida de cientos de mujeres y niñas, pero que además se dé seguimiento a las acciones emergentes que se establecieron desde el gobierno federal.

A pesar de los ordenamientos internacionales que obligan a las instituciones a proteger la vida de las mujeres, el peso de las mismas mujeres que exigimos el atender la violencia como una situación de emergencia, a un mes de aislamiento, en lo local se continua vulnerando el bienestar de las mujeres, los mecanismos no son efectivos.

Pedir a la ciudadanía que permanezca en casa para mantenerse a salvo del COVID-19 no es igual para todas las personas, las mujeres no sólo tenemos miedo a esta situación, sino que hay mujeres que tienen terror de mantenerse en el hogar, pues no están a salvo de los agresores, pues estas situaciones no se encuentra realmente en la mirada de esta pandemia.

En estas semanas no sólo han vuelto a nuestro estado aquellos que han migrado, sino las mismas redes de tratantes que sin ningún temor a las autoridades siguen operando y explotando a las mujeres.

Tan solo en esta semana, dos artículos de nivel nacional han dado cuenta la situación de trata que se vive en Tlaxcala a la luz de la impunidad, manteniendo en alto riesgo la salud de muchas mujeres.

Antes esta respuesta del gobierno es necesario promover estrategias comunitarias, donde la gente reaccione y dejemos de naturalizar las violencias contra las niñas y mujeres cuando esto ocurre, así mismo para exigir que las autoridades que hagan uso adecuado del recurso designado para la seguridad de las mujeres; pues muchas de las mujeres continúan desconfiando de las instituciones, pues se han enfrentado a largas esperas y grandes obstáculos para obtener la atención que requieren, las autoridades se aprovechan del desconocimiento que éstas mismas han generado sobre los mecanismos de protección y atención efectivas, ha tenido que ser mediante el acompañamiento y el peso de las exigencias para que se pueda acceder a una forma de justicia, porque en la gran mayoría ni siquiera es real.

Ya hace varios meses dábamos cuenta de la evaluación a las Fiscalías y Procuradurías de la República, donde la Procuraduría de Tlaxcala es la peor calificada, desde el tiempo de espera para la atención, hasta el índice de impunidad; hace un par de días un medio local lo hizo público nuevamente y, ante esta situación que enfrentamos, no se prevé cambio alguno.

El Estado no está respondiendo, no nos está dando respuestas a las mujeres, no sólo ante el aumento de violencia que se evidencia por todos lados, sino ante el doble riesgo que implica para las mujeres que tienen que salir de sus casa para buscar la atención especializada ante la situación de violencia y lo que esto les implica a ellas, o en su caso, también a sus hijas e hijos; pero que además les implica más de una visita ante la respuesta a medias de las autoridades y a veces la nula respuesta.

La contingencia de salud por COVID-19 es otra crisis, las mujeres llevamos décadas enfrentando una crisis de violación a nuestros derechos humanos, el Estado no puede seguir invisibilizando este problema de salud, que antes y después de la pandemia actual, seguirá arrebatando vidas de niñas y mujeres si se nos sigue negando la posibilidad de sentirnos seguras en todos nuestros espacios.