Un grupo perverso de golpistas ha festejado irracionalmente desde México la invasión a Venezuela y ha mostrado su supina ignorancia sobre la historia de las invasiones estadounidenses en el mundo, sus fracasos y sus desastrosos finales.

En el colmo de la ausencia del sentido común, esos vociferantes han pedido que lo mismo ocurra en nuestro país, una intervención extranjera, pero pasan totalmente por alto en sus discursos incendiarios -aunque muchos lo saben bien- que eso es imposible por un enorme cúmulo de sólidas razones, que abordaré en otras entregas.

Vayamos por partes: las invasiones norteamericanas del siglo pasado siempre fracasaron, el mayor ejemplo fue Vietnam, porque se trató de golpes injerencistas, sin una estrategia social o política, que acompañara la embestida militar.

Muy lejos de perseguir la democracia en los países que intervinieron militarmente, los gobiernos norteamericanos que lo hicieron tuvieron como única motivación el saqueo de los recursos naturales. Así de siempre y llano.

El caso de Venezuela es la misma historia ya tan repetida: Donald John Trump, el presidente estadounidense, que por cierto no tiene el respaldo ni el respeto popular doméstico, dedicó más de una hora en su conferencia de prensa el sábado, en Miami, Florida, a hablar del petróleo, del dinero que “haremos” (a lot of money) con el petróleo venezolano, pero nada se refirió a las y los ciudadanos. En cambió dijo con descaro que Estados Unidos gobernará ese país sudamericano sin ayuda de ninguno de los locales, ni siquiera de quienes rabiosamente y a costa de la propia traición a su patria, se opusieron a Nicolás Maduro Moros.

El caso que más ha ilustrado cómo los golpistas venezolanos fueron solamente una herramienta desechable está con la ex diputada, ex candidata presidencial y Premio Nobel María Corina Machado Parisca, la más beligerante de las opositoras al chavismo, al grade de haber pedido reiteradamente la invasión estadounidense que, finalmente, se concretó.

La mañana del sábado, cuando se sabía ya del ataque armado de Estados Unidos, ordenado por Trump, a Caracas, capital de Venezuela, Machado escribió en sus redes que estaba lista para “tomar el poder”. Lo dijo en plural y en referencia a su movimiento.

Y efectivamente, ella -a quien por cierto tanto han venerado panistas como el espurio ex habitante de Los Pinos, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa– y su grupo supusieron que Trump les entregaría el control del país, a cambio de entregarle, a su vez, el control de la explotación del petróleo. ¡Vaya equivocación!

En la misma conferencia de prensa en la residencial presidencial de Mar-a-Lago, Trump echó, en unas cuantas frases, a María Corina machado al basurero de la historia con todo y su Nobel de la Paz:

“Creo que sería muy difícil para ella ser la líder. No tiene el apoyo ni el respeto dentro del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto para gobernar”, respondió Trump a una pregunta muy conveniente de un periodista.

Tanto clamar por la intervención de EU en Venezuela; tanto proclamarse “líder moral del Pueblo Venezolano”; tanto hacer alianzas con otros derechistas y ultraderechistas de América y del mundo, en México con insignes militantes del Partido Acción Nacional (PAN), para que el líder invasor, Donald John Trump, la dejara en el desamparo y, prácticamente, sin hogar y enterrara su causa política con apenas unas frases.

Si se trata de mirarse en un espejo y poner “las barbas a remojar”, los golpistas mexicanos bien podrían verse en el destino de María Corina.

Se llama escupir al cielo.

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