En Puebla y Tlaxcala, solo 8.0 y 1.9 por ciento de los delitos que cometieron quienes ingresaron a los centros penitenciarios en 2020 se relacionaron con drogas, ya sea por posesión, suministro, comercio, producción, transporte o tráfico. Se trata del menor número de presos por este delito en los Ceresos del país, informa este jueves el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

El mapa que da a conocer a propósito del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico de Drogas que se conmemora el 26 de julio, refiere que el mayor número de presos por delitos relacionados con las drogas, se ubica en los estados del norte, principalmente en Sinaloa con el 28.7 por ciento del total de su población privada de la libertad; Chihuahua con el 26.9; Durango 26.3 por ciento y Coahuila con 18 por ciento o dos de cada 10 presos; en contraparte, Puebla y Tlaxcala tienen el número más bajo.

El número de presos disminuye conforme el estudio recorre las cárceles del norte hacia el centro y sur del país, incluso Ciudad de México, en comparación con Puebla, tiene un porcentaje de 4.7 presos por delitos relacionados con la droga.

Aunque el INEGI no precisa el tipo de delito ni el porcentaje por tipo de droga por el que los presos enfrentan procesos judiciales o sentencias condenatorias, el informe señala que el 61.1 por ciento fue detenido por narcomenudeo y trabajos como mulas, actividades que afectan a mujeres y hombres y que son el eslabón más débil y empobrecido de la cadena del narcotráfico.

Destaca que en 2020 el número de mujeres mulas detenidas aumentó con respecto al año pasado, lo que revela que el crimen organizado está reclutando a mujeres para distribuir en menor escala la droga, mientras que la mayoría de los hombres son detenidos por comerciar.

Otro de los datos que destaca es que al menos dos de cada 10 detenidos fue por posesión simple, es decir, para consumo propio o por cantidades menores a las permitidas por la ley.

Además, en las cárceles, el consumo de drogas permanece como una práctica que se extiende a las celdas y entre los presos adictos. La cocaína es la droga que menos se consume, mientras que el tabaco y la marihuana son consumidas por tres de cada 10 personas privadas de la libertad.

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