El estrés crónico es un serio enemigo del equilibrio fisiológico y factor desencadenante de enfermedades como el síndrome metabólico, la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y algunas neurodegenerativas como el párkinson, así como la inflamación crónica. Por ello, tomar un descanso es importante para descargar estrés y daño celular al organismo.

Constantemente se recibe información en forma de estímulos sensoriales desde el exterior, pero también desde el interior. Así detectamos si tenemos hambre, sed, sueño, dolor o malestar. Muchas de estas sensaciones dependen de conducciones nerviosas, pero otras se producen porque las células y órganos liberan sustancias que informan a otras células y órganos. A estas sustancias se les conocer como factores locales y hormonas.

Por ejemplo, al reaccionar de inmediato para defendernos de un peligro, se liberan sustancias como la adrenalina, la norepinefrina y el cortisol, que activan los órganos para producir una respuesta rápida que o bien nos pone en alerta o bien, directamente, nos permite escapar.

Estas hormonas del estrés solicitan del cuerpo una respuesta defensiva u ofensiva necesaria para la supervivencia. Lo notamos de inmediato en síntomas como sequedad de boca, sudoración de las manos, aumento de la frecuencia cardiaca o dolor de cabeza. El problema es que, por lo general, el estrés pude llegar en el trabajo, en casa o en cualquier actividad, situaciones en las que el cuerpo recibe señales de peligro, pero los músculos y órganos no responden a ellas.

El estrés crónico mantiene a las células en un estado de activación continua que acaba produciendo daños moleculares y celulares, respuestas inflamatorias crónicas y todo un conjunto de efectos colaterales que afectan a la salud.

Para prevenir y contrarrestar esos daños, son necesarios el descanso y la relajación, pues sus efectos beneficiosos ayudan a eliminar los daños acumulados y a recuperar los ritmos naturales de sueño y vigilia.

La melatonina u “hormona del sueño” juega un papel esencial en este sentido, porque activa la eliminación de estructuras celulares dañadas. Eso impide que se acumule la basura celular y evita que progresen enfermedades neuroneurodegenerativas como el alzhéimer.

Tomar vacaciones libera en el organismo endorfinas conocidas como las “hormonas de la felicidad”, pequeñas proteínas que estimulan los centros de las emociones placenteras en el cerebro. Se consideran como opioides endógenos y la neuronas las liberan con situaciones relajantes, felices y con el ejercicio. Algunos indicios apuntan a que pueden prevenir la progresión de enfermedades neurodegenerativas.

La relajación también libera a la serotonina, otra sustancia también conocida como “hormona de la felicidad”. Su deficiencia se ha asociado con múltiples enfermedades, especialmente con la fatiga crónica, pero también con la demencia o con la gravedad del covid-19.

En conclusión tomar vacaciones o relajarse del estrés diario es importante para recuperar los equilibrios fisiológicos que permiten mantener una buena salud.

Solo bajar los niveles de hormonas del estrés, aumentando a la vez aquellas que producen placer y relajación, ayuda a que las células eliminen los daños acumulados con el tiempo y previenen múltiples enfermedades; es decir basta con dejar a un lado las presiones, descansar sin preocupaciones y disfrutar.