El Día de Reyes ofrece una oportunidad especial para volver al sentido profundo de la gratitud. Este día, que suele traducirse solo en un momento para dar regalos y seguir con el ritmo acelerado de la vida, tiene un significado espiritual importante y profundo que es importante recuperar en el mundo convulso que vivimos.

Así lo reflexiona el Mtro. Conrado Zepeda Miramontes, SJ, académico jesuita de la IBERO Puebla, quien recordó que, ante el ritmo precipitado de la vida y las dificultades que atraviesan las familias y la sociedad, la esperanza puede desdibujarse, llevándose con ella la capacidad de agradecer.

Sin embargo, subrayó que el simple hecho de estar vivos, de contar con alimento y con la compañía de las personas que amamos, es motivo suficiente para reconocer y valorar lo que se tiene. La gratitud, señaló, comienza por reconocer lo bueno que Dios —o la divinidad, según cada creencia— nos ofrece incluso en medio de las luchas cotidianas.

El académico invitó también a agradecer a quienes nos rodean: a quienes nos dedican una sonrisa, un saludo, un acto de servicio o un gesto de bondad. Estos detalles cotidianos, dijo, recuerdan que aún hay personas comprometidas con construir un mundo más justo, amoroso y tierno.

“Empecemos por ser agradecidos”, expresó, pues la gratitud en el día a día es una forma de bendecir y reconocer a los demás, especialmente en esta fecha que recuerda la presentación del Niño Dios ante los Reyes Magos, quienes le dotaron de obsequios para la vida y reconocieron las virtudes y bienaventuranzas por el nacimiento de Jesús.

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