En las últimas semanas, un nuevo grupo de personas comenzó a llamar la atención en las calles de Puebla. Personas con chalecos fluorescentes y silbatos se colocan a diario en las banquetas de cruceros conflictivos, avenidas rápidas y zonas de alto flujo vehicular. Ante su presencia surge la pregunta: ¿Quiénes son y por qué están aquí?
Estos trabajadores forman parte del cuerpo de agentes de Proximidad Vial, un nuevo programa impulsado por el Gobierno de Puebla para reforzar la seguridad de tránsito en puntos específicos. Su llegada marca un punto de partida para entender un problema más amplio: la fragilidad de la movilidad peatonal en un territorio que se ha construido para el beneficio del automovilista.
A partir de su constante presencia surge la necesidad de conocer qué tan seguras son las calles para quienes se desplazan a pie, qué otros programas se han implementado de forma reciente y, sobre todo, si estos cambios responden a las necesidades reales del peatón.

El gobierno municipal, encabezado por el alcalde José Chedraui Budib, ha adoptado el lema Capital Imparable para respaldar una serie de proyectos que buscan proyectar a la ciudad como un espacio moderno, innovador y en constante crecimiento.
En el sitio oficial del Municipio de Puebla, el subsecretario de Movilidad y Seguridad Vial, Norman Campos Velázquez, explica: “Se ejecutan obras con enfoque de seguridad vial, donde el peatón es prioridad: cruceros seguros, ampliación de banquetas, semaforización inteligente y señalamientos viales, entre otras acciones. Damos cumplimiento a nuestra política de movilidad sustentable”.
En Puebla, los siniestros viales demuestran que los peatones continúan siendo los más vulnerables. De acuerdo con información de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (2025), los cruces más peligrosos de la capital son: Blvd. Carmen Serdán esquina con 5 de Febrero (24 accidentes); Blvd. Norte y 10 Poniente (11); Blvd. 18 de Noviembre y 16 Ote. (11); Calzada Zaragoza y Av. Unidad Deportiva (10); y Av. 16 de Septiembre y 117 Poniente (7).
Estos puntos, conocidos como “cruceros negros”, requieren intervenciones urgentes de rediseño urbano para disminuir los riesgos. La identificación de estos puntos ha permitido implementar nuevos programas y obras, aunque su eficacia aún se encuentra en evaluación.
Los esfuerzos técnicos y operativos del gobierno conviven con un marco normativo que reconoce al peatón como el centro de la movilidad urbana. Con la aprobación del nuevo Reglamento de la Ley de Movilidad y Seguridad Vial del Estado de Puebla, se establece en el artículo 6 del Reglamento de Movilidad del Estado que el peatón tiene preferencia de paso sobre cualquier otro sujeto de la movilidad.
Este marco normativo busca proteger a los transeúntes. Sin embargo, su efectividad sigue siendo uno de los retos más importantes de la ciudad. Angelópolis funciona como ejemplo de esta contradicción. A pesar de los nuevos programas y obras anunciadas, caminar se convierte en una experiencia que requiere esquivar vehículos, sortear banquetas estrechas o correr entre avenidas.
En una zona concebida desde sus inicios como una promesa para la movilidad orientada a largas distancias, el sentirse invisible es una de las expresiones más frecuentes entre los peatones. Una ciudad que protege al caminante es aquella que construye entornos más amables, inclusivos y funcionales para todas las formas de movilidad.

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