Hay una imagen detenida en el tiempo, tomada el 29 de diciembre de 2011 en Lienz, Austria. Sarah Schleper desciende la montaña y en lugar de los esquíes en manos, lleva en brazos a su hijo pequeño Lasse Gaxiola. Sonríen mientras se deslizan juntos, el viento y la nieve acompañan ese último descenso. Es el día de su retiro en la Copa del Mundo de Esquí Alpino, su despedida representando entonces a Estados Unidos. Federico Gaxiola, su esposo, le entregaba en brazos a su hijo de 3 años para que ese instante íntimo quedara capturado en la historia.

Hay tres imágenes de esa secuencia. En ellas, el pequeño Lasse se afianza a su madre mientras en su rostro ––detrás del casco y unos lentes gigantes–– se alcanza a ver el gozo puro de ese descenso compartido. Un viaje breve, que hoy cobra un mayor significado: 15 años después madre e hijo competirán juntos en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026. Por primera vez en la historia de una justa invernal, una madre y un hijo compartirán el mismo escenario olímpico y será por México.

«Mi hijo siempre ha sido mexicano y ha competido por México. Todavía está joven y creo que con estos Juegos Olímpicos le ayudarán a cambiar su confianza», dijo la esquiadora Sarah Schleper.

Sarah creció entre montañas y nieve, su infancia transcurrió en Vail, Colorado, donde su padre Buzz Schleper tenía una tienda de esquí. La esquiadora, mexicana por naturalización, recuerda que a los dos años por su cumpleaños recibió sus primeros esquíes, sin saber que ese regalo marcaría el rumbo de toda su vida por venir.

Soñó primero con ser gimnasta olímpica, un deporte donde no existía un nivel competitivo para poder cumplir ese anhelo. Vail es un lugar reconocido a nivel mundial y famoso principalmente por sus actividades invernales donde sobresalen el esquí alpino, esquí de fondo o las motos de nieve. Un lugar donde ya estaba trazado su destino, allí encontró al entrenador indicado y el crecimiento fue natural y vertiginoso para Sarah.

Le atraía la aventura, la adrenalina y el contacto directo con la naturaleza. Elementos que terminaron por definir no solo su deporte; también su manera de vivirlo hasta ahora, a sus casi 47 años de edad, y después de seis Juegos Olímpicos de Invierno: cuatro con Estados Unidos y dos con México. Sus terceros con el país serán este febrero en Milano-Cortina 2026.

«Me gusta la comida, la gente y mi familia. Me gusta regresar a México cuando termino de competir y cuando me retire quiero vivir toda la vida ahí. Mi esposo y me familia me enseñaron a ser mexicana», dijo.

A los 15 años compitió en su primera Copa del Mundo, una edad todavía considerada precoz en ese deporte. Cuatro años después, con solo 19 años compitió en sus primeros Juegos Olímpicos en Nagano 1998.

Uno de sus mayores sueños después de ser madre era convertirse en mexicana. Y después de cinco años de trámites consiguió la nacionalidad y pudo competir por México en los Juegos Olímpicos de Invierno Pyeongchang 2018. Fue el esquiador alpino mexicano Hubertus Von Hohenlohe quien la convenció de representar a México en una justa de invierno.

De México le gusta la comida, las playas y el surf. En casa con su hijo Lasse y su hija Resi, patinadora artística, el español es el idioma que se habla. La cocina suele oler a platillos mexicanos. Sarah ha aprendido a hablar español con dedicación: practica trabalenguas todos los días, se expresa con una emoción contagiosa en sus palabras, aunque su voz aún conserva rastros de acento estadounidense.

Lasse acompañó a su madre en la montaña formalmente desde los cuatro años cuando ella enseñaba a esquiar a las infancias. Ahora, con 18 años hará su debut olímpico. Un sueño que le genera presión, pero la convicción profunda de cumplirlo.

Juntos fueron a la Basílica de Guadalupe con la fe puesta en una petición: competir juntos en Milano-Cortina. Y fue el pasado 19 de enero cuando consiguió de último momento su clasificación vía ránking a la justa invernal en la prueba de esquí alpino y completó la delegación mexicana con cinco integrantes ––él es el más joven.

Será el alfa para Lasse y el omega para Sarah. Tal como cerró su etapa como competidora estadounidense con su hijo en brazos, ahora, 15 años después, lo hará como esquiadora mexicana, compartiendo la montaña con Lasse en Milano-Cortina 2026.

Con información de Sports Illustrated

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