En El amor no se ruega, se riega (Planeta, 2026), Daniel Habif y Anyha Ruiz proponen una reflexión profunda y práctica sobre el amor como una construcción cotidiana, lejos de la idealización romántica y de fórmulas simplistas. La pareja nos comparte, sus aprendizajes en más de 20 años de relación, a partir de un libro que se siente como una conversación constante llena de emoción, conciencia y espiritualidad.
El libro se articula como un recorrido íntimo por los distintos momentos de una relación: el encuentro, el conflicto, la herida, el aprendizaje y la decisión consciente de permanecer. Más que ofrecer recetas, El amor no se ruega, se riega invita a repensar los vínculos desde la madurez emocional, proponiendo herramientas para amar sin perderse a uno mismo, ya que el amor no se sostiene desde la súplica ni la carencia, sino desde el cuidado, los acuerdos y la responsabilidad afectiva.
Con una prosa cercana y reflexiva, Habif y Ruiz exploran el amor de pareja, pero también el amor propio y la forma en que ambos se entrelazan, convirtiendo la experiencia afectiva en un espacio de crecimiento y transformación mutuo.
Sobre los autores
Daniel Habif es escritor, conferencista y comunicador. Escritor de los best sellers: Inquebrantable (2019) y Las
trampas del miedo (2021) y Ruge o espera a ser devorado (2023), este último publicado por esta casa editorial. Productor creativo, consultor y uno de los mejores y más destacados conferencistas de habla hispana en el mundo.
Sus giras han superado las 350 presentaciones, en más de 150 ciudades de Latinoamérica, Norteamérica y Europa,
en las que ha llenado importantes teatros con más de un millón de espectadores. Creador de mensajes audiovisuales de enorme impacto para las plataformas digitales, que destacan por sus temas inspiradores, cargados de motivación y espiritualidad. Ha impartido capacitaciones sobre liderazgo, mercadeo, creatividad, publicidad, artes escénicas y desarrollo humano.
Anyha Ruiz es productora ejecutiva y publirrelacionista. Ha dedicado más de dos décadas a liderar proyectos
creativos, artísticos y sociales junto a Daniel Habif, combinando su experiencia en gestión, comunicación y desarrollo humano.
Ha colaborado en la creación de giras internacionales, producciones audiovisuales y programas de formación que han impactado a millones de personas en Iberoamérica. Su trabajo se distingue por una mirada profundamente humana y estratégica sobre el amor, la fe y el liderazgo femenino. Dedica gran parte de su vida al rescate, la rehabilitación y la protección de animales en situación vulnerable.
Vistazo general de El amor no se ruega, se riega
En la obra se inscribe en la tradición de libros que reflexionan sobre las relaciones humanas desde una mirada contemporánea, pero se distingue por su énfasis en el amor como práctica consciente. Lejos del discurso aspiracional, el libro propone una ética del vínculo basada en el cuidado mutuo, el diálogo y la claridad emocional.
A lo largo de sus capítulos, los autores construyen una narrativa que combina experiencias personales con reflexiones que dialogan con temas centrales de nuestro tiempo: la responsabilidad afectiva, los límites, el desgaste emocional y la necesidad de vínculos más honestos. El amor aparece aquí no como promesa eterna, sino como un territorio que exige atención, trabajo y presencia.
El amor como práctica, no como ideal
Uno de los ejes centrales del libro es la idea de que el amor no es un estado permanente, sino una práctica que se aprende y se cultiva. Habif y Ruiz cuestionan la noción del amor como sacrificio unilateral o dependencia emocional, y proponen en su lugar una relación sostenida por acuerdos claros y decisiones compartidas.
Este enfoque desplaza la narrativa del amor romántico hacia una visión más realista y consciente, donde amar implica hacerse cargo de lo que se siente, de lo que se da y de lo que se espera del otro.
Responsabilidad afectiva y límites
Uno de los núcleos conceptuales de El amor no se ruega, se riega es la responsabilidad afectiva entendida no como una consigna moral, sino como una práctica cotidiana que implica hacerse cargo de lo que se siente, de lo que se promete y de lo que se da. A lo largo del libro, Daniel Habif y Anyha Ruiz exploran cómo muchas relaciones se sostienen en silencios prolongados, expectativas no dichas y acuerdos implícitos que, lejos de proteger el vínculo, lo debilitan con el tiempo.
Los autores observan que el miedo al conflicto suele confundirse con amor, y que evitar conversaciones incómodas termina generando desgaste, resentimiento y confusión emocional. En este sentido, los límites aparecen no como barreras defensivas, sino como actos de claridad que permiten que la relación exista sin invasiones, culpas ni sacrificios unilaterales. Poner límites, sugieren, es una forma de cuidar: al otro, pero también a uno mismo.
Desde esta mirada, el libro cuestiona la idealización romántica que normaliza el aguante y la renuncia personal como pruebas de amor. En su lugar, propone vínculos donde la autonomía no se vive como amenaza, sino como condición necesaria para una relación viva y consciente. La responsabilidad afectiva se vuelve entonces un ejercicio de honestidad: decir lo que se necesita, reconocer lo que no se puede ofrecer y asumir las consecuencias emocionales de ambas decisiones.
En última instancia, El amor no se ruega, se riega plantea que amar bien no tiene que ver con insistir, sostener a
cualquier costo o permanecer por miedo a la pérdida, sino con la capacidad de elegir todos los días desde la claridad y el respeto. El amor, sugieren los autores, no se demuestra soportando lo insoportable, sino construyendo un espacio donde ambos puedan crecer sin desaparecer en el intento.
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