Este es el último escrito conmemorando la grandeza de mujeres que dejaron un legado importante para la humanidad, por lo que cierro con broche de oro hablando de Wangari Maathai.

Wangari fue una activista originaria de Nyeri, Kenia, que con el tiempo se convirtió en una de las mujeres más influyentes de su país por su firme lucha a favor del medio ambiente, la democracia y los derechos de las mujeres.

¿Alguna vez han escuchado sobre el Green Belt Movement? Déjenme contarles que en 1977 a Wangari se le ocurrió una idea sencilla pero trascendental: frenar la deforestación y fortalecer a las mujeres rurales en África.

Esta idea nació después de estudiar en universidades como Mount St. Scholastica y Pittsburgh, en Estados Unidos, donde, al realizar su tesis y sus estudios científicos, comprendió la importancia del medio ambiente y cómo en su país natal se estaban destruyendo los bosques, lo que generaba graves problemas sociales y económicos.

Con este movimiento incentivó a mujeres de diferentes localidades de Kenia y otras partes de África a plantar árboles, logrando sembrar entre 30 y 50 millones, lo que mejoró la calidad del suelo, redujo la erosión y ayudó a conservar la biodiversidad.

Además, creó miles de viveros que generaron oportunidades para las mujeres de la región, empoderándolas económicamente y permitiéndoles ser más independientes, mientras cuidaban el ecosistema.

Al mismo tiempo, sin proponérselo inicialmente, impulsó un movimiento igual de importante: combatir la injusticia hacia las mujeres en Kenia y luchar por un país más libre y democrático, liderando campañas contra la corrupción y la privatización de espacios públicos como Uhuru Park y el bosque de Karura, que hoy es un pulmón verde y santuario natural.

Con el tiempo, se convirtió en una amenaza para los intereses de grandes empresarios y del gobierno autoritario de Daniel arap Moi, por lo que fue golpeada, perseguida y arrestada.

Sin embargo, nunca dejó de defender sus principios ni de luchar con valentía, lo que la llevó a convertirse en diputada del parlamento en 2002 y ministra adjunta de Medio Ambiente en 2003.

También participó en la elaboración de la nueva Constitución de Kenia de 2010, que por primera vez reconoce el derecho a un medio ambiente sano.

Wangari recibió el Premio Nobel de la Paz en 2004 por su labor como activista ecológica, convirtiéndose en la primera mujer africana en obtenerlo. Su trabajo inspiró a millones de personas y miles de movimientos ambientales en todo el mundo.

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