Una de las tradiciones más famosas y arraigadas de la Ciudad de México, es la representación de La Pasión de Cristo, que se realiza desde hace 178 años en la Alcaldía de Iztapalapa.

Esta escenificación se lleva año con año y fue catalogada en 2012 como Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México.

Dicha representación: la muerte y resurrección de Jesús, comenzó por una cueva y una epidemia.

Se cuenta que, cerca del año 1720, dos peregrinos procedentes de Etla, municipio ubicado en Oaxaca, se dirigían a la Ciudad de México para retocar una figura de Jesús de Nazaret en el sepulcro.

Cuando pasaron por Iztapalapa decidieron acampar en el Cerro de la Estrella y pusieron la imagen debajo de un árbol. Al despertar, los viajeros vieron que la imagen ya no estaba.

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Ambos decidieron pedir ayuda a los pobladores para encontrar el símbolo de devoción, pero sus esfuerzos fueron en vano. Meses después, un cura reveló que había encontrado la efigie en una cueva.

Los pobladores avisaron a los peregrinos para que fueran por ella, pero cuando trataron de sacarla, ésta fue imposible de mover. Todos asumieron que la figura debía quedarse ahí y se le construyó un santuario, que creció hasta convertirse en la Catedral de Iztapalapa.

En 1833, la capital del país atravesó una grave epidemia de cólera. Ésta enfermedad, generalmente transmitida por el agua que provoca diarrea y deshidratación, dejó un saldo de 14 mil muertos en la ciudad. Ante la gravedad de la plaga, los pobladores de Iztapalapa acudieron al santuario del Señor de la Cuevita, para pedirle que acabara con el padecimiento.

Pronto la infección dejó de propagarse y los habitantes de la demarcación, en señal de agradecimiento, realizaron misas anuales, hasta que en 1843 montaron una escenificación de la muerte y resurrección de Jesús en Semana Santa.