Era un 3 de junio de 1961, cuando el Presidente Adolfo López Mateos, se disponía a inaugurar una de las obras más importantes en la historia de la Ciudad. El regente en aquel entonces Ernesto Uruchurtu, se encargaría de cortar el listón.

Se trataba de un tramo de vía rápida que aliviaría problemas de congestión y aseguraría la rapidez de llegar de un lado a otro, El Circuito Interior.

Su historia se remonta a los años 20, cuando Carlos Contreras, propuso que se entubaran algunos de los ríos que se alimentaban del ya casi extinto Lago de Texcoco y Chapultepec, entre ellos, el Río Consulado, Churubusco y Río Piedad.

Fue hasta finales de los años cincuenta, que el regente Uruchurtu, decidió que era momento de aliviar el congestionamiento, al mismo tiempo que se modernizaba la capital. Se optó por entubar los tres ríos.

Se buscaba que la ciudad fuera vista como moderna, a través de las obras de aquel entonces, reforzaba la idea de desaparecer los cinturones de miseria que se encontraban en los alrededores del canal de aguas negras del río consulado y al mismo tiempo, conectaba al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México con Insurgentes que fue y sera una de las arterias más importantes y concurridas.

Desde los primeros momentos de vida, fue vista como una de las avenidas más modernas del entonces Distrito Federal.