Tlaxcala es uno de los estados con el mayor número de sitios con restos fósiles encontrados en los últimos 40 años, de acuerdo al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el estado cuenta con 34 sitios fósiles ubicados en 20 municipios del estado.

Entre los municipios donde se realizaron los hallazgos se encuentran: Tlaxcala, Panotla, Yauhquemehcan, Totolac, Xaltocan, Apizaco, Santa Cruz Tlaxcala, Hueyotlipan, Ixtacuixtla, Chiautempan, Nativitas, Nanacamilpa, Atltzayanca, Tetla, Contla, Amaxac, Nativitas, Atlangatepec, Españita y Tlaxco. 

El descubrimiento más importantes fue en 2015 cuando el INAH localizó los restos que probablemente pertenecían a una de las especies más altas y más temida del pleistoceno.

Los primeros hallazgos de restos fósiles muestran que hace 15 mil años algunas especies de mamut, bisontes, caballos americanos y mastodontes habitaban el territorio.

Los dos primeros hallazgos datan de 1970 con el descubrimiento de material óseo fragmentado de caballo americano, bisonte y camélidos o mamíferos rumiantes. En 1972 se realizaron ocho excavaciones donde localizaron restos óseos de mamuts, mastodontes, camélidos, caballos y bisontes, además de fauna pleistocena y huevos de aves.

Todos corresponden al pleistoceno que es una de las etapas geológicas del cenozoico que abarca la época de las recientes glaciaciones y es considerada la más reciente en la temporalidad humana. Tras la creación hace 40 años de la delegación estatal del INAH las excavaciones aumentaron, en 1973 se hicieron cuatro descubrimientos de frutas, carne y fauna de esa era geológica

. Después de casi 10 años, en 1987 pobladores de Tlaxcala notificaron al INAH sobre el hallazgo de restos óseos que excedían los parámetros de todos los animales conocidos: largas osamentas blancas y pesados troncos de hueso incrustados en la tierra.

De inmediato los paleontólogos acordonaron la zona y extendieron palmo a palmo las palas y las brochas para descubrir huesos de más de tres metros y decenas de kilos. Ese año el INAH declaró que los restos probablemente pertenecían al mamut imperial que venía de Canadá hasta la zona occidental del continente.

Más tarde, en 1988 del siglo pasado los hallazgos se concentraron en especies de caballos americanos; para 1990 otro descubrimiento se sumó a la hipótesis de que el “mamut imperator” habitó Tlaxcala con el descubrimiento de más restos óseos en otra localidad del estado.

Después de ese descubrimiento catalogado como “probable”, hubo 14 años de silencio; no se reportaron hallazgos y el INAH no desplegó a su equipo de paleontólogos alrededor de la entidad sino hasta 2004, con el descubrimiento de paleofauna.

En 2005 el INAH encontró restos de mastodonte de los cuales ya había registro en zonas de Tlaxcala, por lo que llevaron a laboratorios para su análisis y catalogación.

Sin embargo, ese mismo año el hallazgo de vértebras, rótulas, falage y fémur en mejores condiciones para su estudio arrojaron, por primera vez y después de dos hallazgos “indeterminados”, que se trataba del Mammuthus Imperator, una especie de mamut de 6.5 metros de alto y más de 11 toneladas, considerado la especie más alta del pleistoceno y con más de 23 millones de años antes de nuestra era.

Más tarde, entre 2006 y 2014 los hallazgos fueron de fauna indeterminada, de caballos americanos, gonfoterios o especies emparentadas con los elefantes, y fauna del pleistoceno para que en 2015 localizaran nuevos restos de mamut imperial.

Después de esa fecha hubo un nuevo silencio de cuatro años hasta el 2020, cuando el INAH informó de la localización de dos zonas con fragmentos de gonfoterios y un grupo de material óseo fosilizado hasta ahora indeterminado.

El INAH ha dicho a Urbano Tlaxcala que los hallazgos en el estado son reconocidos como uno de los más importantes para confirmar la presencia del mamut imperial en la región. Sobre su ubicación, resguardo o condición actual, el INAH mencionó que esa es “información clasificada".

“Expresar el lugar donde se encuentran resguardados representaría un riesgo de interés público, ya que no solo se daría conocimiento de los bienes resguardados, sino del lugar donde se encuentran protegidos, lo que generaría el riesgo de la comisión de algún delito, incluyendo la sustracción de uno de ellos”, menciona María del Perpetuo Socorro Villareal Escárrega, titular del área de información del INAH.