Las familias acostumbraban visitar mercados y tiendas en busca de novedades y compraban los trastos de moda para uso en el servicio de mesa y cocina o simplemente para sustituir aquel que ya estaba demasiado usado o roto, por el diario trajín en el hogar.

Las bases para pastel o también llamados pasteleros fueron una de esas piezas que encontraron rápida aceptación en nuestra Ciudad, ya que en muchas casas se hacían todo tipo de pasteles, bizcochos y galletas para agasajar a propios y convidados.

Se acostumbraba exhibirlos en estas peculiares piezas, fabricadas con una base metálica con cubierta de cerámica o porcelana y que recibía encima domos de cristal o mosquiteros artesanales, para protegerlos de insectos y moscas.

A finales del S.XIX y principios del XX, una gran cantidad de objetos de mesa fueron importados a México directamente de los fabricantes europeos, y enviados a la Ciudad de México y otras ciudades del país, como Puebla, donde fueron ávidamente comprados y usados en los hogares.

Estos productores se localizaban principalmente en Austria y Alemania; y los objetos fueron comercializados por tiendas especializadas, encabezadas por ‘La Sorpresa’ en la capital del país y en Puebla, en las famosas ‘Fábricas de Francia’ en la esquina de la actual 2 norte y 2 oriente.

Muchos de estos objetos de mesa fueron muy gustados en Puebla, y así, juegos de pasteleros, charolas y portavasos, fueron incluidos en numerosas listas de regalos de boda de los 1920’s a 1940’s. La base metálica y en su caso las agarraderas, fueron fabricados en latón plateado o en un metal muy novedoso para la época en nuestra Ciudad: el pewter.

Este metal era una aleación hecha principalmente de estaño, añadido de una mínima cantidad de cobre para darle dureza y de plomo, para darle un color azulado. Sin embargo, por la toxicidad de este último, fue sustituido prontamente por antimonio o zinc.

La superficie de contacto con los alimentos era una placa de porcelana o de cerámica, muy fácil de limpiar y mantener, decorada con motivos en los estilos imperantes en la época de su fabricación, ya sea Art Nouveau desde finales del S.XIX y las dos primeras décadas del XX, usando motivos frutales o florales, plenos de roleos y líneas redondeadas, o Art Decó - a partir de los 1930’s y 40’s - con motivos más bien geométricos y usando líneas rectas.

Mi abuela materna había recibido de regalo para su boda en 1939 varios objetos elaborados con estas características, entre ellos, un pastelero con su juego de seis portavasos y los usaba en la mesa de comedor, cuando recibía a sus amigas por las tardes, en su casa frente del Paso Bravo.

Cuando la Abuelita Tere recibía a sus amigas, los niños no podíamos interrumpir y nos mandaban al patio a corretearnos y jugar al Toro, llenando la tarde de gritos y carcajadas.

Con la algarabía de los juegos, el hambre acechaba y solo nos restaba a los niños espiar que la reunión de señoras acabara, para poder asaltar el pastelero repleto de galletas y mantecadas, y la abuela nos daba sendos vasos de leche fría para acompañar, y así regresar a nuestras casas ya merendados.

Al poco tiempo de la muerte de la querida Abuelita Tere, recibimos parte del menaje de su casa, y para mi fortuna, empacados muy cuidadosamente en papel, venían el pastelero y sus seis portavasos.

Así, esas tardes de juegos en la casa de los abuelos de la trece sur con mis hermanas y primos, quedarán para siempre en mi memoria.

¡Charlemos más de Gastronomía Poblana y ‘’a darle, que es Mole de Olla’’!

#tipdeldia: Mi Abuelita Tere alegremente gustaba cantar un corto verso de la comedia musical ‘Canelita en rama’ estrenada en 1942 y que decía: ‘…andando a la Sacristía, ni hablar del peluquín…’ queriendo decir que, si alguien viene con buenas intenciones, no veamos defectos en la persona.

Traigo esto a colación, porque los utensilios de la Cocina Tradicional son desechados por las jóvenes generaciones de Chefs recién salidos de las Escuelas de Gastronomía, porque prefieren los modernos artilugios usados en los restaurantes de postín: vale la pena se detengan a observar la magnífica calidad de materiales y diseños con que fueron elaborados los antiguos, para que aprendan a valorarlos.