La fatalidad no solo condiciona aspectos culturales y comunitarios de los pueblos, también los lleva a fundaciones míticas de ciudades.

El investigador Erick Rafael Carrillo Ortega relata la fundación de la comunidad de Santo Tomás de la Concordia en el municipio de Nativitas.

El origen de esta localidad está relacionada con una catástrofe. “En el transcurso del año 1886 o finales del siglo XIX, los ríos Zahuapan y Atoyac tuvieron grandes crecidas que perjudicaron a los habitantes con grandes inundaciones que arrasaron personas, casas, animales y árboles, que provocaron escasez de sitios fértiles para las siembras agrícolas, se generaron enfermedades y otras condiciones que hacían del poblado un lugar inhabitable”.

En el ensayo “Inundación, peste y migración”, publicado en el suplemento cultural La ChiquINAH del Centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Tlaxcala que se publica este fin de semana, Carrillo Ortega refiere que la migración forzada de las familias los llevó a dejar Santo Tomás Xochitlán, hoy solo ruinas, para fundar Santo Tomás de la Concordia.

Alrededor de este relato de origen se cruzan las creencias religiosas con la adoración de los santos Tomás Apóstol y san Sebastián Mártir y la catástrofe natural que colocó en el imaginario “la peste” del dengue provocada por la fuerza creciente de los ríos Zahuapan y Atoyac.

Santos contra los temblores.

Dios tiene el mundo en su mano y cuando se cansa –porque el mundo pesa lo que pesan todos nuestros pecados- su temblor mueve la tierra.

En Tlaxcala algunas iglesias tienen a sus propios santos protectores contra los temblores: San Emigdio y San Roque son los mártires a quienes los pobladores de las comunidades se encomendaron en los temblores del 19 de septiembre de 2017.

El ensayo de Nazario A. Sánchez Mastranzo en La ChiquINAH, explora las consecuencias del carácter cultural de los temblores o “tlaollin” en lengua náhuatl.

La tutela de la devoción por los santos protectores la disputan Roque y Emigdio. En el temblor del 16 de agosto de 1711 “la sociedad local se volcó a venerar a San Roque como santa protector contra los eventos telúricos”; más tarde, los temblores de 1864 y 1868 destruyeron la bóveda de los templos de san José y san Nicolasito y sacudieron las tierras tlaxcaltecas.

Estos y el reporte sobre la reparación de los templos en Tlaxcala conforman el suplemento cultural que el INAH dedica a las investigaciones etnográficas en la entidad.