La nueva normalidad como se ha llamado a esta nueva etapa que estamos viviendo, trae consigo nuevos retos para reincorporarnos a las actividades productivas y para muchas personas, también trae miedo a salir de sus casas. El llamado “síndrome de la cabaña” no es realmente un síndrome porque no está reconocido como tal por la Asociación Americana de Psicología (APA) y no conlleva un problema de salud mental, sino que se trata de una respuesta normal después del tiempo de aislamiento pues nos adaptamos a vivir confinados en casa y encontramos seguridad y control en ése espacio conocido.

El término viene de la “fiebre de la cabaña” o cabin fever que hace referencia al fenómeno opuesto, observado en el siglo XX cuando los colonos americanos tenían que pasar largas temporadas dentro de sus cabañas, debido a las inclemencias del tiempo, lo que les ocasionaba reacciones de agitación, inquietud, dificultad de concentración e incluso enojo, entre otros. Se ha retomado éste término para explicar la agitación que muchas personas están experimentando al tener que regresar a sus espacios de trabajo, a usar el transporte público e interactuar con otras personas, después de pasar tanto tiempo en casa.

En las condiciones actuales se ve como una respuesta normal, porque llevamos varios meses asumiendo que el peligro de contagiarnos de COVID-19 está en el exterior y conforme van aumentando el número de contagios, se refuerza el hecho de que el peligro sigue latente, por eso éste miedo es tan común. De hecho, según la Dra. Villavicencio Ayub, investigadora de la UNAM, 8 de cada 10 personas tienen miedo de regresar al trabajo de manera presencial.

¿Cuáles son los síntomas que podemos padecer?

Dificultad de concentración Falta de memoria Nerviosismo Frustración Síntomas ansiosos o depresivos Falta de motivación Desgano Miedo a salir y retomar la rutina y las relaciones sociales. ¿Qué podemos hacer para manejar la ansiedad que puede producir el hecho de regresar a las actividades cotidianas? Exponerse de manera gradual a salidas cada vez más prolongadas.

Respetar las medidas de precaución, llevando en todo momento cubrebocas y agregar una careta si estaremos en lugares poco ventilados o con mucha gente.

Preparar un kit de higiene para llevar al salir de casa.

Diseñar una rutina de higiene al regresar de la calle, que incluya el lavado de manos.

Realizar ejercicio físico, puede ayudar a lidiar con el estrés.

Mantener contacto con nuestros círculos sociales, por medio de videollamadas o mensajes, nos hará más sencillo ir retomando la cercanía.

Respetar nuestros propios límites, es decir que si no nos sentimos con la seguridad necesaria, no nos obliguemos a acudir a lugares que nos causen ansiedad y a los que no sea necesario acudir. Poco a poco, iremos teniendo más confianza.

Expresar lo que sentimos, nos ayudará a darnos cuenta de que no somos los únicos que sentimos miedo y nos hará sentir comprendidos.

Buscar ayuda profesional si es necesario. No temamos pedir ayuda si sentimos que no podemos gestionar bien nuestras emociones, pues un profesional nos dará herramientas para lograrlo.

Espero que lo anterior les haya sido de utilidad y si están experimentando éstos síntomas, no se alarmen, pues una respuesta natural e irán disminuyendo con el tiempo. Si no los padecemos pero conocemos a alguien que sí, no minimicemos ni juzguemos lo que sienten, porque es real y requiere apoyo para volver a adaptarse. Tengamos paciencia con nosotros mismos y con los demás, pues estamos atravesando por una situación tan extraordinaria, que ha movilizado recursos internos, que quizás desconocíamos.

Recuerden no bajar la guardia, seguir cuidándose y hacernos llegar sus comentarios y sugerencias a través de nuestras redes sociales.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.