@cronicabanqueta

Hoy en día, se oye a muchos gritar en ciertos lugares, decir con una habilidad extraordinaria, los atributos que tiene un determinado producto.

Quizá curativo, o energético, o de mucha vitalidad, o hasta milagroso; que te va a curar, que te va a sanar, que te va a traer buena suerte, que te va a acercar a la mujer amada.

Para otros se trata de un charlatán, un mentiroso, un sin vergüenza, un estafador y un ladrón.

Les llamamos merolicos, y tienen su origen gracias a un doctor, llamado Rafael Juan o Juan Rafael de Meraulyock, o Meroil Yock, o Van Merlyck, o Merolyck, y precisamente por esa difícil pronunciación, tan solo le dijeron el doctor merolico.

Un judío polaco, o quizá suizo o francés, según otros, que llego a Veracruz en un barco con bandera francesa, entre 1864 y 1878.

Era de extraña y agitada melena rubia, largos bigotes y espesa barba, tenía un ojo de vidrio y solía colgarse numerosas medallas.

Afirmaba ser un ilustre médico, un diestro dentista, y poseer fármacos infalibles para todas las enfermedades conocidas y por conocer.

Para unos era un milagro, para otros representaba la revolución cientifica y le gritaban al concluir el anuncio que hacía de cada producto que vendía, Merolico, merolico, quien te dio tan grande pico.

Lo cierto es que no pasó desapercibido, inmediatamente empezaron a surgir imitadores que hasta la fecha vemos en espacios públicos únicos para hacer sus presentaciones.