En la edición anterior les contaba sobre la necesidad de humanizar al personal de salud que se está enfrentando en primera línea a la pandemia y en la mayoría de casos no sólo sin el equipo necesario (como han aprendido a funcionar en nuestro país desde hace muchos años) sino con sus propias emociones, miedos y desgaste físico, mental y emocional. Les comentaba también que se prevé una crisis en la salud mental del personal de salud pero no podemos perder de vista, que no sólo estamos hablando de los médicos y enfermer@s, sino también del personal de intendencia, administrativos y todos quienes trabajan en hospitales y clínicas, pues están más expuestos que el resto de la población.

Muchas veces como pacientes nos olvidamos que el médico también es humano y aunque es verdad que en muchos casos se han vuelto fríos para poder lidiar con su profesión, no significa que no sientan y que en su interior, su visión más informada del tema, les juegue malas pasadas. Los médicos están acostumbrados a tratar con la muerte, es verdad, pero no a la escala y con el peligro actuales. Es por esto y como he dicho, para humanizarlos, que les comparto un texto que agradezco mucho me permitiera publicar el médico que lo escribió.

La pandemia

A inicios de marzo mi pareja acababa de llegar de España, un viaje al cual yo no pude ir por tener problemas con mis datos personales y no contar con mi pasaporte. En ese momento aún no se dictaminaba el estado de emergencia en aquel país. Ella me cuenta que todo parecía completamente normal: niños en las escuelas, museos y restaurantes abiertos, etc., todo sin restricciones. El día en que retornó cerraron las fronteras para los viajes internacionales en Europa. Aquí en México parecía como si no hubiera nada diferente.

En los primeros días experimenté preocupación e inquietud por la cercanía del contacto, la cual se incrementó poco a poco. Le preguntaba si se sentía bien y casi de inmediato somaticé con tos seca y me tomaba la temperatura varias veces al día; a su vez comencé a sentir dolores punzantes en la región torácica al inspirar de forma profunda. No me fue necesario tomar algún medicamento y justo a las dos semanas desapareció la sintomatología completamente.

Continué yendo a la unidad médica de forma habitual ya que no hubo indicaciones de detener la consulta ni la cirugía oftalmológica. A mis compañeras les fueron otorgadas las licencias para no presentarse por tener patologías de fondo y una más se encontraba de vacaciones. Creo que esto acentuó mi sentimiento de soledad durante toda una semana preguntándome cada que subía al auto ¿hacia dónde voy? y no queriendo responderme a mí mismo. Todos los días me he despertado cansado y con dolores múltiples, sobre en todo en articulaciones y músculos de las piernas, antebrazos y zona lumbar, a veces ha sido tan fuerte que me han imposibilitado para moverme y sentir que he descansado; tardo alrededor de una hora en tomar energía para incorporarme teniendo que recurrir a mayor consumo del café. En momentos he comido más alimentos dulces y me ha sido habitual tomar bebidas alcóholicas, sobre todo el fin de semana. También he experimentado momentos de insomnio y pesadillas con pensamientos recurrentes y repetitivos despertando al menos una vez cada noche sin poder conciliar el sueño de nuevo y exacerbando sobre todo el cansancio de las mañanas. Siento mucho desánimo de trabajar casi a diario.

El día de hoy me he enterado de que el jefe de mi unidad hospitalaria está hospitalizado grave e intubado por esta enfermedad; esto acaba de llover sobre mojado con las sensaciones que he venido teniendo, ya que ha ido acercando más el círculo patológico a las personas que conozco, como si la sensación nos estuviera emboscando sin tener escapatoria. Creo que el exceso de información a la que estamos expuestos también es un factor importante para robarnos la calma ya que como médicos conocer sobre la fisiopatología de las enfermedades nos inquieta mucho más que al resto de la población o al menos de otra manera.

Aquí, justo aquí, sentado y escribiendo, siento que puedo ya haber sido infectado y ser portador. No es cómodo porque no existe apoyo institucional para las emociones en nuestro país, cada uno lo vive desde su propia perspectiva y dependiendo las circunstancias de su especialidad. Por esta causa he tratado de mantener el contacto con mi psicoterapeuta por videollamada al menos cada dos semanas. Me sirve mucho para seguir adelante y para trabajar emocionalmente, para pensar que las cosas pueden y estarán mejor algún día.

O.R.G.

No olvidemos que toda esta situación tiene un rostro humano y aunque nos estamos acostumbrando a las estadísticas, cada número tiene tras de sí, una historia. Tratemos de ser más conscientes y si tenemos la posibilidad, quedémonos en casa. Como dice el Dr. O.R.G. las cosas mejorarán y como cada duelo, seguramente tendremos un crecimiento resultante de esto.

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¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.