Hemos volteado a ver a raíz de la pandemia, la labor que realizan los médicos, enfermeras, enfermeros y personal de limpieza en los hospitales. Han dado la vuelta al mundo, imágenes donde se les homenajea de distintas formas, se les agradece con aplausos, con música, con mensajes y con el titulo de héroes pero ¿lo son?

No. No son héroes y estoy muy en contra de llamarlos así, porque es quitarles su parte humana y pensar que se enfrentan como los héroes de las películas, con superpoderes, pero no es así. Los profesionales de la salud, también son humanos y tienen miedo, estrés, familias que los esperan y a quienes temen contagiar.

Los profesionales de la salud, están en primera línea de una guerra para la que nadie estaba preparado y están haciendo todo lo que está en sus humanas manos para enfrentarla, lidiando con sus problemas personales, miedos, incertidumbre, estrés y sobretodo, con la muerte. Podemos pensar que están acostumbrados a ello, pero no con la frecuencia con la que la están viviendo y mucho menos con el riesgo de contagiarse de aquello que intentan curar.

He leído casos de médicos devastados por la culpa por haber dicho a un paciente que todo iba a estar bien, momentos antes de tener que firmar el acta de defunción. Están sufriendo muchos de ellos TEPT (Trastorno de Estrés Post Traumático) que se refiere a una respuesta emocional a un evento traumático como el que están viviendo y se prevé un existan muchas secuelas emocionales en ellos y sus familias, que vendrán después de que todo esto pase.

No, no son héroes porque no tienen superpoderes, tienen vocación de servicio y el conocimiento técnico necesario para hacer frente al virus, pero también están lidiando con el miedo que cualquiera de nosotros puede sentir y porque en muchos de los casos, se están enfrentando a esto porque no tienen opción, porque trabajan para el Sistema de Salud y al igual que todos, no quieren perder su empleo.

No son héroes porque al terminar su turno, no regresan a un cuartel secreto donde conviven con otros héroes, sino que regresan a sus casas, donde quieren olvidar todo lo que vieron en el día y donde no conviven con otros héroes sin miedo, sino con sus familias quienes enfrentan el miedo de perderlo o que alguno de los miembros, enferme. Regresan exhaustos, con miedo, con culpa y estrés, que no acaba después de quitarse toda la ropa que pueda estar infectada y darse un baño, sino que muchas veces el estrés continúa y se convierte en insomnio o pesadillas que no permiten descansar y al día siguiente vuelven a vivir lo mismo y al menos por ahora, no estamos cerca del final feliz acostumbrado en las películas de superhéroes.

Se ha generado más conciencia de las necesidades de los profesionales de la salud a partir de las agresiones que ha sufrido, como si ellos fueran los responsables de lo que está pasando sin embargo no es suficiente. Debemos estar conscientes que ellos están viviendo todos los días cosas para las que nadie está preparado y su salud física es tan importante como su salud emocional. En países como España, se ha observado que tanto el insomnio, como la ansiedad y los ataques de pánico, son los principales síntomas que están presentando los profesionales de la salud, ante la sobreexigencia que están viviendo, llevando a algunos a tener que recurrir a medicación para poder dormir y sobrellevar la ansiedad.

En un estudio que se llevó a cabo en China, se informa de manera muy preocupante sobre las ramificaciones psicológicas de COVID-19 en la atención médica mostrada en los trabajadores: una encuesta realizada a más de 1.200 enfermeras y médicos que trabajan en hospitales en la región de Wuhan (donde se originó el brote) y en toda China continental reveló que más del 50% informaron síntomas de depresión y más del 70% informaron síntomas de angustia psicológica. Los hallazgos fueron publicados en JAMA Network Open.

Por eso digo que no son héroes, son personas como cualquiera, enfrentando lo que ninguno quisiera y por ello merecen reconocimiento, pero sobretodo cuidado. Si está en nuestras manos hacer algo para ayudar a algún profesional de la salud, hagámoslo y demostremos que tienen y tendrán el apoyo que necesitan, recordando que la terapia más efectiva es la de escuchar.

Espero que lo anterior les haya resultado de utilidad y que no permitamos que los sigan agrediendo ni tampoco pensemos que para eso están o están acostumbrados a ver gente morir. Simplemente recordemos que son humanos y que a veces también necesitan desahogarse.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.