Ya hemos hablando antes de los retos a los que nos ha sometido ésta situación derivada del Coronavirus, desde el cambio en la rutina, el trabajo y estudio en casa, la convivencia 24/7 con la familia, que puede acarrear conflictos y que nos mantiene en un estado de alerta constante, pero quizás la mayoría de nosotros no ha reparado que ésta sensación de peligro constante, de alerta permanente y miedo a lo desconocido, forman parte del día a día de muchas personas que padecen ansiedad.

La ansiedad es un trastorno que tiene como principal característica, un miedo irracional e indefinido. Nosotros por unos días estamos experimentando lo que muchas personas viven día a día y que como no se ve, nos cuesta tanto trabajo entender.

Me hicieron favor de hacerme llegar un testimonio al respecto y quiero compartírselos intacto, pues pocas veces nos detenemos a pensar lo que otros están atravesando por dentro:

Mi ansiedad y yo.

Tenemos mucho tiempo de conocernos, no sé exactamente cuando llegó, creo que se fue metiendo poco a poco y ahora sé que va a quedarse. Es una habitante bienvenida, yo sé que la he creado desde éste lugar tan mío que tiende a ver las cosas tan grandes y tan coloridas, que en la inmensa gama de emociones goza de encontrar pequeños rincones de duda e intriga.

Viví peleada con mi tristeza por tanto tiempo, creyendo estupideces como "la felicidad es una elección" o "todo depende mi actitud positiva", me sentía triste y enojada por tantas cosas que eran razonables (y otras que no tanto), pero me sentía peor de creer que yo misma no me permitía estar bien y me presionaba a actuar de forma "positiva y feliz". Hasta que acepté esas emociones supuestamente negativas y comprendí que están ahí por una razón y para un propósito. No tiene sentido para mí, actuar con el autismo de la extrema positiva.



Hace un tiempo descubrí el psicoanálisis, la cura en la que todas esas cosas tan mías, tan intensas, tan grandes, no desaparecen si no que, como lo dice el término "cura" pero que proviene de "curaduría" (como el orden lógico de las obras en un museo) se acomoda todo de una forma elegida por mi misma.

En el análisis rompí paradigmas que parecían inamovibles, muchas cosas solamente necesitaba hablarlas con alguien que realmente pudiera escucharlas. Y en resumen ahora entiendo ésto:

Soy una intensa y de eso se nutre mi pasión y mi trabajo, la vida es multicolor gracias a eso, aunque algunos colores no sean agradables, algunos otros son maravillosos. Mi necesidad es resultado de mi historia, mi histeria es mía y he podido ponerlas en palabras.

Vivir no es una decisión si no inercia, hay deseo de morir y deseo de vivir, el deseo de vivir se nutre de la esperanza y la esperanza cambia de forma para adaptarnos al contexto, sin esperanza nada tiene sentido, como seres racionales necesitamos que éste exista. Con ella nos adaptamos a todo y continuamos.

Las personas sólo aceptan la verdad que son capaces de soportar, para lo que no, desarrollan fé en un ser sobrenatural inexplicable como sus temores, tener fe es bonito, la gente que la tiene encuentra paz. (Yo no tengo fe)

El amor es definitivamente lo más importante, el motor más fuerte. Es una actitud más que una emoción y Amando se pueden vivir muchas emociones.

Aunque el amor es un riesgo de experimentar dolor en el final, como cualquier otro ciclo que puede terminar con un acontecimiento o con la muerte, bien vale cada segundo de lazo afectivo que mantenga el sentido de la vida.

No hay forma de hacer que alguien ame o No a alguien más, gente fea, guapa, flaca, joven, vieja, gorda, buena, mala, pobre, rica son amados, y muchos no, no existe nada lógico en eso. El amor se construye de individuo a individuo, cada quien ama de manera distinta. Los demás no están para satisfacer mis necesidades, pero éstas pueden expresarse claramente para afrontarlas. La reciprocidad es sumamente importante.

No hay garantías ni condenas pese a lo que la experiencia pasada diga.

Mi ansiedad nunca se irá, cuando algo grande llega está lista para salir a flote, sin embargo he encontrado formas diferentes de vivirla. La contingencia llega en un momento para mí en que cuestiono el verdadero propósito del arte (mi trabajo), la diferencia inmensa de privilegios en la sociedad y cómo la gente que los tiene es tan indiferente a la tragedia, qué lugar ocupa mi trabajo en esa situación. Cuando me doy cuenta de ésto y la vida dá un giro enorme en el que ya no puedo trabajar, en el que estoy inmensamente sola y no debo salir de mi casa, la ansiedad asoma la nariz. Cuando siento que mi corazón se acelera y no puedo respirar hago un esfuerzo profundo por respirar hondo, y lloro, lloro todo lo que tengo que llorar, pero después me muevo. Cada lunes sin falta desde hace casi dos años veo a mi analista y suelto todo, hablo todo, y logro fluir. Ha sido un gran trabajo suyo y mío, siempre tiene un espacio para mi literalmente pase lo que pase, nos adaptamos al tiempo, lugar y economía, lo cual valoro y agradezco infinitamente.

Justo ahora no tengo idea de como será mi vida en un par de semanas, no hay trabajo y tengo miedo, terror, estoy triste por no poder ver a los que amo, pero sentir eso está bien, ¿cómo más podría sentirme? ¿Acaso no es lógico y comprensible? Me sentiré así ahora y sé que voy a continuar, me adaptaré a lo que pase y cuando me visite la ansiedad lloraré, cuando pueda volver a abrazar lo disfrutaré y seguiré amando, y seguiré cantando.

Espero que lo anterior nos sirva para ser más comprensivos con aquellos que sufren de trastornos como la ansiedad, pues se enfrentan a una lucha diaria de la que no somos conscientes la mayor parte de las veces. Entendamos que el aislamiento nos está sometiendo múltiples retos donde debe imperar la empatía y la comprensión.

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¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.