Ahora más que nunca, en los tiempos de las redes sociales, de las mal llamadas benditas redes sociales, resulta obligado que los personajes públicos piensen antes de hacer declaraciones.

Y no sólo eso, deben de planear los discursos, definir un mensaje claro para obtener la respuesta deseada.

De preferir la improvisación, compran también errores por el mismo precio, los cuales llegan a convertirse en un desastre de proporciones mayúsculas.

Sí, lo digo por el resbalón de ayer del gobernador Luis Miguel Barbosa Huerta:

"¿Quiénes están contagiados ahorita? Seguramente hay algunos padres de familia, sí. La mayoría son gente acomodada. ¿Sí lo saben o no? Si ustedes son ricos, tienen el riesgo (de contagiarse de Covid-19). Si ustedes son pobres, no. Los pobres estamos inmunes."

¿Por qué dijo lo que dijo? Empecemos por lo de ricos y pobres.

Hay que recordar que entre los primeros casos de Covid-19 estuvieron las personas que viajaron a Vail, en Colorado, Estados Unidos. Entre los importadores del virus estuvieron el director del Hospital Puebla, José Antonio Rivera, quien estuvo en contacto con no más de tres personas en el nosocomio. Otro más fue Juan Pablo Huerta, dueño de agencias automotrices, y el empresario Santos Zanella. Huerta y dos de los hijos de Santos, que también estuvieron en Vail, acudieron al restaurante El Refugio, ubicado en la Cuarta Sección de La Vista Country Club, cuando empezaban a sentirse mal, de ahí que haya cundido el nerviosismo en este fraccionamiento exclusivo, como también en Sonatta, la zona comercial más importante de Lomas de Angelópolis, otro de los fraccionamientos de alta plusvalía de esta capital, donde estuvieron estas personas.

Con tales datos, Barbosa quiso, y no pudo, destacar que la mayoría de los casos fue importado por familias de solvencia económica o ricas, y no me extrañaría que este jueves enlisten cada uno de los expedientes para explicar esta situación, la cual resumió coloquialmente un meme, el cual puede exponer lo que quiera, porque no es un comunicado oficial:



Con estos datos en la mano, el mandatario quiso resumir el panorama y sólo estructuró una oración que pasará a la historia como una de las peores declaraciones de un gobernante.

Y peor: la declaración no respondió la pregunta que le hizo una reportera, quien requería saber sobre acciones y apoyos para jefes de familia con coronavirus que ya no tienen ingresos económicos, lo que demuestra que Barbosa tenía la idea en la mente y que sólo necesitó un motivo para exponerla, sin tomar en cuenta que nunca estudió cómo decirla y, por tanto, tampoco imaginó su impacto. Ahora, ya lo sabe.

Lo de "los pobres estamos inmunes", no tiene perdón. Pero también es producto de no platicar su discurso con sus asesores, de enfrentar a la prensa como si fuera una aventura en la selva, donde cree que puede vencer lo que se encuentre, como si fuera Tarzán.

Sin analizar mucho, es posible advertir en Barbosa una imperiosa necesidad porque la sociedad crea que es empático con la mayoría, con la gente de escasos recursos, sin darse cuenta que una declaración así tampoco abona a su imagen y lo hace aparecer como un político demagogo que sólo trata de legitimarse en el poder, cuando muy probablemente sólo quería decir que entendía la situación de las personas en pobreza, esa que conoció de cerca en su natal Zinacatepec.

O dígame usted: ¿quién en México cree que haya políticos pobres? Nadie, sin duda. Y quizá se lo debemos al profesor, empresario y político priísta, Carlos Hank González, quien dijo que "político pobre es un pobre político".

Pero, lejos de la frase, en la realidad, es cierto. Barbosa no es pobre. Es más, sin enlistar sus propiedades, sin conocer el saldo de sus cuentas bancarias, sin saber nada de sus negocios, ¿cómo podría ser pobre si tiene un sueldo de 94 mil pesos mensuales como gobernador? Decir: los pobres estamos inmunes, parece una burla. Más cuando el salario promedio en Puebla rondará los 6 o 7 mil pesos.

Lo dije al principio, la improvisación en los discursos, compra también errores por el mismo precio. Por eso, no sólo hay que saber qué dicen los medios, ni advertir qué van a preguntar, ese monitoreo es básico, pero insuficiente para un gobernador, quien requiere saber qué contestar ante cada interrogante y mantener esa línea discursiva para evitar malos entendidos, y para eso está obligado a escuchar opiniones, contrastar las con la suya y llegar a conclusiones, de lo contrario acumulará resbalones y traspiés que deteriorarán su imagen ante la sociedad, la cual etiqueta y es muy difícil que cambie de opinión.

Sin embargo, lo más importante, sobre todo en esta contingencia epidémica, es que el mensaje enviado por el emisor, en este caso el góber, sea el correcto, para que la gente sepa que está pasando, cómo debe cuidarse, tener certidumbre, que, al fin y al cabo, ese es el único y principal objetivo, más allá de la imagen pública de un gobernante.

Y recuerde: Nadie es completamente bueno, ni completamente malo