Desde hace diez años en nuestro país cada mes se registran al menos 52 suicidios infantiles. El drama de esta población es palpable cuando se observa que, de 2008 a 2018, unos 6 mil 862 niños y jóvenes menores de 18 años se han quitado la vida, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, (Inegi).

La gravedad de las muertes por lesiones autoinfligidas en la población infantil y juvenil se ilustra con la siguiente cifra: uno de cada 10 suicidios cometidos en los últimos 10 años fue perpetrado por infantes que tenían entre 10 y 17 años.

Respecto al sexo de las personas fallecidas por suicidios, la tendencia es más pronunciada en los hombres que en las mujeres y en los infantes esta regla se mantiene, pues de los 6 mil 862 suicidios señalados, 60.5 por ciento correspondieron a jóvenes varones, mientras que las mujeres concentraron 39.5 por ciento de los casos.

Los datos del Inegi señalan que 85.3 por ciento de los suicidios se llevaron a cabo mediante el ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación, mientras que el uso de cualquier tipo de arma de fuego fue la segunda forma más frecuente con 4.9 por ciento de los casos a lo largo de 11 años. Desde 2008 se cometieron 337 suicidios infantiles con armas de fuego, siendo 2011 el periodo con más casos al registrar 43 decesos.

De hecho el periodo entre 2009 y 2013 cuenta con el común denominador que todos los años superaron las 30 decesos, pero a partir de 2014 el uso de pistolas o rifles para quitarse la vida descendió de manera importante hasta registrarse solo 23 suicidios de menores en 2018. Enrique Chávez León, presidente de la Asociación Psiquiátrica Mexicana (APM), explica que en la atención especializada en México existen deficiencias. Por cada 100 mil habitantes solo hay 3.3 psicólogos; 1.6 psiquiatras; 1.4 enfermeras y 0.5 trabajadoras sociales.

A ello se suma que 61% de los pacientes con depresión grave no toman medicamentos. Las nuevas generaciones, de 12 a 17 años de edad, aseveró, enfrentan más problemas de salud mental: 16.6% presenta ansiedad, 10.48% problemas de afecto; 8.63 abusan de sustancias como alcohol y drogas; 4.47 tienen conductas disruptiva o de tipo antisocial; 1.02 trastornos de alimentación.

La base de las enfermedades mentales se asocia con violaciones, abuso sexual, seguido de golpes, atraco con arma, acoso, que contribuyen a tener ideas, planear e intentar suicidarse. En la infancia los trastornos van evolucionando, hasta los cinco años se manifiestan con fobias, conductas desafiantes ante la autoridad; pasados los 10 años, con agorafobia, consumo y dependencias a las drogas y, hacia los 20 años, con pánico, manías, uso nocivo de sustancias, bulimia nerviosa, dependencia alcohólica y a la nicotina, episodios de depresivos mayores.

Entre los menores de edad, el suicidio es la segunda causa de muerte, cuyas edades oscilan de 10 a 19 años, de acuerdo con investigaciones de Ana María Chávez Hernández, quien refirió que existe un lazo de los menores con las redes sociales que los incitan, a través de juegos, a efectuar autolesiones.

La autora de Comportamiento suicida en niños y adolescentes: el papel de las redes sociales, precisó que este tipo de encuentros cibernéticos juegan un papel trascendental en su autoestima, ya sea que enfrente situaciones de ciberbullying y el sexting, exhibición de cuerpos desnudos.

“El suicidio es una realidad empujada en ocasiones por las redes sociales. Estas tienen tal influencia que algunos jóvenes desean estar en línea el mayor tiempo posible y satisfacer estándares poco realistas, crean un vínculo afectuoso a través de likes o seguidores y genera frustración y tensión por no obtener lo que esperan”, expresó.