Una de las pérdidas más complicadas de manejar es la que se refiere a las rupturas amorosas, porque no se trata de una pérdida total como en el caso de un fallecimiento, sino una pérdida parcial donde tendremos que seguir conviviendo con el muerto e incluso si existen hijos de por medio, tendremos que seguir teniendo una relación.

Toda relación afectiva requiere inversión mutua de amor, tiempo, energía, disposición y una larga lista de etcéteras que como buen negocio nos va a redituar ganancias, pero afectivas. Sin embargo llega un momento en que por diversas causas, no estamos recibiendo dichas ganancias y podemos tener la sensación de estar invirtiendo de más y es cuando comenzamos a plantearnos la posibilidad de terminar. Es entonces cuando iniciamos un proceso de duelo anticipado, donde empiezan a cruzar por nuestra mente, los pensamientos de como nos sentiremos cuando no estemos juntos y fluctuamos entre las razones para seguir y para terminar.

No es una decisión sencilla terminar, pero si la tomamos, estaremos enfrentándonos a un proceso de duelo que puede tornarse complicado por la dificultad de aprender a convivir con el fallecido, lo cual implica volver a verlo en algún momento y saber (o stalkear) que está en una nueva relación o que ha formado una nueva familia, lo que puede llevarnos a permanecer mucho tiempo en la fase de negación e incluso comparar nuestros procesos, sintiéndonos frustrados porque el otro avanza con mayor velocidad.

Por tanto, la adaptación que implica el proceso de duelo, no se lleva a cabo porque constantemente estamos planteándonos realidades alternas donde seguimos juntos o tratando de adivinar qué lo llevó a preferir a la otra persona si es que ya tiene una nueva pareja. Si además existen hijos, el reto es mayor porque tendremos que soltar la relación de pareja y conservar la de padres, para demostrar a los niños que no se fractura su familia, ya que seguir contando con ambos por igual aunque no vivan juntos, y que puedan entender que lo que cambió fue la relación de pareja y que no existirá el mismo vínculo entre sus padres, aunque puedan llevar una convivencia cordial y completamente funcional.

Hablo de aprender a vivir con el fallecido, porque nuestra mente y nuestras emociones tienen que aceptar que la persona con la que la que nos relacionamos, ya no está. De alguna manera, muere en nuestra vida porque ya no estará en el día a día, ni compartiremos tiempo, emociones, ni vivencias como antes. Experimentará cambios que no sabremos, ya sea en el aspecto físico, emocional, laboral, etc. (Si, tal como decía Pandora Te encontrará un poco más flaco...) y no reconoceremos a la persona con la que tuvimos una relación, porque es otra, porque aquella con la que tuvimos una relación, no está. De la misma forma, nosotros también moriremos de alguna forma para la otra persona que tampoco sabrá de nuestros cambios, ni conocerá nuestros nuevos gustos o aficiones y si nos encontramos, verá en nosotros a alguien parecido a quien amaba, pero ya no seremos los mismos.

¿Cómo procesar una ruptura amorosa? Si bien el proceso de duelo, es el mismo que en otro tipo de pérdidas, el mayor reto es la recolocación emocional y por ello, insisto en la imagen del fallecido, porque tenemos que asimilar que aunque la persona luzca igual, no es la misma. De igual manera, resulta básico saber qué fue lo que sucedió en la relación, para perdonarnos, perdonar al otro y poder cerrar el ciclo para estar listos y poder abrir uno nuevo con alguien más. 

Recomendaciones:

*Bloquearlo al menos al inicio de redes sociales, porque el stalkear nos puede resultar doloroso, al interpretar frases, imágenes, ubicaciones, fuera de contexto.

*Ser conscientes de lo que sentimos, para lo que puede ser útil la elaboración de un diario.

*Manejar nuestras emociones, pues podemos estar fluctuando entre la tristeza y el enojo y eso nos puede llevar a recordar sólo lo bueno o sólo lo malo y no entender de fondo las razones de la ruptura.

*Hacer un recuento de lo que hicimos bien y lo que consideramos que hicimos mal para entender y no repetir los mismos errores, entendiendo que en toda relación existe una responsabilidad compartida.

*Reecontarnos la historia, lo más objetivamente posible para entender desde fuera de la emoción, los aciertos y errores que marcaron el rumbo de la relación.

*Entender que los procesos son personales y que aunque hayamos salido de la misma relación, cada persona tiene factores que pueden ayudar o entorpecer el proceso sin que eso signifique que sintieron más o menos amor.

*Reecolocar emocionalmente al fallecido en el ámbito de conocido, para saber cómo tratarlo cuando lo volvamos a encontrar pues tarde o temprano suceder.

*Perdonarnos y perdonar al otro, para liberarnos del dolor.

*Usar el aprendizaje resultante, como garantía de que no volveremos a cometer los mismos errores pues los hemos entendido profundamente.

*No temer iniciar una nueva relación, pues si bien es cierto que no será de inmediato, nos sentiremos seguros nuevamente y seremos capaces de volver a relacionarnos profundamente con alguien más.

Espero que lo anterior les a haya sido de utilidad, recuerden que esperamos sus comentarios y sugerencias a través de nuestras redes sociales.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.