En mayo de este año, Pit, un perro de raza Pit Bull de al menos tres años de edad, fue rescatado del Centro VacacionalLa Malinche” en malas condiciones, con un alto grado de desnutrición y deshidratación y con una herida profunda en el cuello causada por un lazo del que estuvo atado por mucho tiempo. 

Cinco meses después, Pit es un perro juguetón, activo, con unos kilitos de más a su peso ideal y con alma y corazón enormes. Es un perro que se gana el cariño de la gente desde el instante que sus ojos de mirada tierna te observan; sin duda, tiene un alma y carisma enorme pese a la apariencia de perro bravo, que por su raza lo suelen catalogar.

Luis López -presidente de la Fundación “Peluditos de la Calle A.C” dedicada desde hace nueve años a rescatar a perros, gatos , tlacuaches y conejos en malas condiciones y abandono- localizó a Pit en un lugar confinado en el albergue, esto en respuesta a un reporte de auxilio.  Relata -mientras acaricia el lomo del perro- que al ubicarlo lo observó desconfiado, triste, desahuciado, bastante flaco, en condiciones insalubres y deplorables y que se encontraba amarrado del cuello con un lazo muy justo, el cual ya le había provocado una herida profunda; al verlo, a ambos se les iluminó la vista y el rostro, y desde entonces, hubo una química y conexión especial.

Le retiró el amarre, lo cargó hasta su auto y lo llevó a su hogar; ahí lo cobijó, lo baño, alimentó e hidrató. Al otro día, lo llevó con el veterinario quien confirmó que Pit –como ya lo había nombrado- tenía varios días sin alimento ni bebida, además de la herida que presentaba era profunda, pero aún así, tenía la esperanza de sanar.

Aunque Luis nunca pensó que al iniciar su labor con Pit no lo podría dejar ir,  luego de atenderlo decidió unirlo a su manada para así empezar una nueva aventura y retos.

A través de su Fundación “Peluditos de la Calle A.C.”,  Luis ha rescatado a más de 600 animales, para los cuales, en muchos de los casos, ha procurado un nuevo hogar a través de la adopción, y otros tantos, se encuentran en el albergue de la organización, en hogares temporales y en algunos casos como son conejos y tlacuaches, son liberados en un hábitat natural y seguro.

Teniendo como ejemplo su padre, Luis nos relata que pese a las complicaciones que ha tenido en su vida laboral y personal, el amor por los perros ha sido lo que lo mantiene en pie para seguir con esta loable y reconfortante labor y velar por los más desamparados, como son los perros de la calle, los mestizos, los que la gente promedio no se detiene a rescatar por no ser de raza, o por aquellos animales atropellados, lesionados o maltratados.

En este camino difícil pero firme, abrió las puestas de su casa y de su corazón para relatar el encuentro que tuvo con Pit, o “gordo” como con cariño le llama y que es bien recompensado con muestras que sólo un perro noble y de gran corazón ofrece a su nuevo compañero de travesía; efusivo, con emoción en su rostro y respeto a su acompañante, describe a Pit como un “milagro de la vida”, por todo lo que ha pasado y demostrado.

De callejero a perro montañista

De ser un perro que apenas sobrevivía en la montaña, ahora Pit disfruta de la libertad; una de sus actividades favoritas es la de viajar, principalmente a la Montaña La Malinche, donde recorre los senderos sin correa o cadena, sólo con un chaleco especial en el que transporta un botiquín y ahora acompaña a Luis quien tiene como hobby el alpinismo y el cual ha inculcado a Pit, desde que se recuperó.

Su ahora inseparable amigo, escaló la montaña por primera ocasión el 13 de julio pasado, consiguiendo en esa ocasión subir hasta la cima a cuatro mil 400 metros de altura. Desde entonces ha escalado en 13 ocasiones la emblemática montaña tlaxcalteca, pero también tiene la marca de escalar en un par de ocasiones a cuatro mil 760 metros de altura sobre el nivel del mar en el Citlaltepec, el pasado 28 de agosto y el 29 de septiembre.

En su ascenso, visitaron la tumba de “Citla”, el perro guardián o “ángel de la montaña”, como fue considerado al perro mestizo que se convirtió en una leyenda viviente, dado el sin fin de historias, relatos y grandes hazañas que realizó sólo para apoyar a cientos de montañistas y alpinistas que fueron rescatados por este gran ejemplar.

En cada ascenso que han realizado, Luis con orgullo detalla que a su paso Pit se gana el corazón de los montañistas y turistas que acuden a la zona, ya que además de acompañarlos, los sorprende con su historia y con lo bien que se comporta durante la travesía, incluso con otras mascotas, ya que mantiene su camino firme junto con su acompañante hasta llegar a la cima.

Ahora, ha trabajado para que Pit por cuenta propia conozca los caminos seguros para ascender y descender de La Malinche, para que no sólo sea un perro de compañía, sino que sea un guardían y guía de los alpinistas que asciende a la cima, lo cual ha conseguido poco a poco, aunque aún ambos no se animan a separarse del todo.

Para sostenerse, durante sus ascensos a la montaña Pit y Luis recogen botellas de plástico, papel latas de aluminio y desechos que dejan los visitantes en el camino, y que sirve para hacerse de recursos por la venta de éstos, para comprar alimento no sólo para Pit, sino para los demás perros y gatos que tienen en el albergue de la asociación y para incluso llevar agua y alimento a los perros que viven en la montaña.

Luis, tiene la fe y la esperanza de que Pit escriba su propia historia y logre grandes hazañas como lo hizo el “gran Citla”, pero está consciente de todo lo que implica; no obstante, afirma que todo se va a dar poco a poco y espera que su perruno amigo reciba ahora todo el cariño y respeto que en un momento de su vida le negaron sus dueños, y aunque estuvo un tiempo sin recibir ayuda él se dedicará a brindar apoyo a los demás con la recompensa de una sonrisa, una caricia, un agradecimiento y el respeto de los montañistas de quienes se ha ganado su cariño y admiración.