Durante las diversas y largas luchas que hemos dado las mujeres históricamente, la visibilización de nuestras realidades y problemáticas ha sido una de las principales estrategias que han motivado y conseguido algunos cambios y avances en la vivencia de nuestros derechos como humanas.

Esta visibilización ha implicado el acompañamiento a mujeres que han enfrentado las diversas expresiones de la violencia, nombrándolas, registrándolas y haciéndolas públicas, teniendo como uno de los resultados el establecimiento de días conmemorativos para mantener la memoria de esta lucha y la exigencia permanente a las instituciones de cumplir con sus obligaciones; así como invitar a la participación de todos los sectores para sumar en los esfuerzos por modificar las condiciones de desigualdad y buscando la erradicación de todas las formas de violencias que vivimos las mujeres cotidianamente.

Sin embargo, los movimientos y grupos de defensoras de los derechos de las mujeres, feministas y activistas hemos tenido que proteger las prácticas de estas fechas, pues desde el sistema patriarcal, que siempre tiene las formas de infiltrarse en nuestras luchas, ha sabido desviar el sentido de estas conmemoraciones para banalizarlas, comercializar o minimizar su importancia; ejemplo de esto es el 8 de marzo, día de la mujer, que no tiene ningún fin de “celebrar” el ser mujer, regalar flores, chocolates o dedicarnos poemas como un ser hermoso, pero que el resto del año nos acosan, nos torturan, nos asesinan; sino que esta fecha ha colocado la importancia de generar condiciones justas de trabajo, de visibilizar las desigualdades que permanecen vigentes y que nos han colocado en situaciones de riesgo desde las edades más tempranas.

Con el mismo fin de visibilizar la grave situación de violencia que vivimos en México, el 6 de noviembre se instaura el “Día nacional para erradicar el feminicidio” que se genera en un contexto basado en un sistema patriarcal, de desigualdad y exclusión social; para recordar “la fecha en que fueron encontrados tres de los ocho cuerpos de jóvenes que fueron encontrados entre el 6 y 7 de noviembre de 2001 y cuyo caso derivó en la sentencia de Campo Algodonero (de la Corte Interamericana de Derechos Humanos).

El feminicidio es la forma más extrema de violencia masculina que ha ido en aumento debido principalmente a un alto nivel de impunidad que se vive en nuestro país, en donde las autoridades no han respondido cabalmente a las diversas recomendaciones hechas al Estado Mexicano; llevando al asesinato de 10 mujeres al día, y que en muchos casos se ha normalizado, tanto que se he propuesto un “día de las muertas” en estas fechas tradicionales de día de muertos. El año pasado como Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio expresamos nuestro desacuerdo al respecto; primero, porque fueron asesinadas, no murieron por otras causas, sino por el hecho de ser mujeres y por prácticas misóginas que muchos hombres mantienen y que poco se ha trabajado en las políticas públicas para modificar.

Segundo, porque nunca aceptaremos que se vuelva parte de nuestra cultura mexicana, viendo cómo se nos quita la vida de maneras tan brutales. Desde nuestro reconocimiento y apoyo hemos aplaudido todos los esfuerzos por visibilizar y combatir los feminicidios, así como las exigencias de que el Estado cumpla con su responsabilidad de garantizar el acceso a la justicia, la reparación del daño y la no repetición, nos parece importante recordar que la violencia feminicida no puede normalizarse por ningún motivo; el poder que los medios de comunicación tienen en la actualidad también puede ser una forma de hacer llegar diversas reflexiones, su impacto tiene que ser el de informar, generar propuestas e impulsar una acción colectica por cambiar todas las formas de violencias que estamos viviendo, lo que debe ser también sin revictimizar a las familias, quienes más que nadie, están presentes en estas luchas.

Insistimos en que llamar “muertas” a las mujeres asesinadas tiene un impacto en invisibilizar que existen razones de género por las cuales se comete este delito brutal contra las mujeres, y que las autoridades siguen sin comprender que el no cumplir con esta responsabilidad que tienen de brindar la verdad a las familias o incluso obstaculizar los procesos, sólo son garantía de mantener a las mujeres en situaciones de violencia feminicida.

Exigimos la sanción a las autoridades que por acción u omisión, obstaculizan el acceso a la justicia y mantienen la mayoría de los casos en la impunidad. Sin duda, en estas fechas tradicionales de recordar a quienes ya no están en vida en nuestras familias, en muchos hogares se ofrendará a mujeres que fueron madres, hijas, hermanas, compañeras, esposas, amigas, incluso a desconocidas les dedicamos la memoria como una forma más de exigir #NiUnaMenos; pero la gran diferencia es que sigue pendiente la justicia para todas ellas y que exigimos todos los días para cada una.

De ninguna manera aceptamos que las vidas que fueron arrancadas de formas tan violentas se vuelvan una forma de perder la vida, aceptando que siempre será así. Conmemoremos la vida de las mujeres víctimas de feminicidio, visibilizando los proyectos de vida que fueron truncados, sin caer en la revictimización y normalización; la conmemoración busca establecer acciones que lleven a la erradicación de estas expresiones, las tradiciones se vuelven parte de nuestras prácticas cotidianas; de ningún modo aceptaremos la violencia feminicida como una forma de vida para las mujeres, buscamos que en un futuro no hayan más mujeres asesinadas por el hecho de ser mujeres.