”Tú qué estás leyendo esto, podrías ser una de las  mil 700 millones de personas en el mundo que padecerá un trastorno mental a lo largo de su vida, según estimaciones de la OMS y aunque eso no te llevará a convertirte en un villano como Joker, igual deberías saber que los trastornos mentales han aumentado en nuestro país desde el 2013, desplazando incluso a las enfermedades infectocontagiosas. ¿Cuál es la diferencia? Que es más probable que busques ayuda si tienes una enfermedad infectocontagiosa que si tienes un trastorno mental, pues aún existe mucha estigmatización al respecto.

Las enfermedades mentales conllevan el enorme peso que al no ser “visibles” físicamente, se asume que no existen y no es extraño escuchar cosas como “Yo no creo en eso de la depresión ” o tratar de ayudar a alguien con ansiedad, pidiéndole que se relaje. Pero se trata de trastornos reales que pueden causar incapacidad en quien lo padece y una fuerte culpa por no echarle ganas.

¿Qué es la salud mental? La OMS (Organización Mundial de la Salud) la define como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad. Para resaltar su importancia, desde hace 6 años cada 10 de octubre, la OMS celebra el Día de la Salud Mental y plantea una temática que se aborda a lo largo del año y en ésta ocasión, se centrarán en la prevención del suicidio con la campaña “40 segundos para actuar” que toma su nombre del alarmante hecho de que cada 40 segundos alguien se suicida, considerándose la segunda causa de muerte en los jóvenes.

En nuestro país como lo hemos comentado previamente en éste mismo espacio, el acceso a la salud mental es limitado y aún existe mucho prejuicio para quienes deciden acudir a un profesional de la salud mental, pues se les juzga como “locos”. De hecho es muy común que quienes acuden al psiquiatra o al psicólogo, lo mantengan en secreto por temor a lo que dirán incluso sus familias, si lo saben. En estos días a raíz del estreno de la película Joker, es inevitable escuchar los comentarios que la gente hace después de verla, pues se muestran muy empáticos con el personaje que se enfrenta a una sociedad que lo rechaza y un sistema que no le brinda el apoyo necesario. La pregunta que me surge es ¿por qué no podemos ser así de empáticos con la gente que tenemos cerca y padece alguna enfermedad mental? O ¿por qué seguimos asociando la salud mental a la “normalidad”?

¿Qué nos falta como sociedad para ser una red de apoyo para quienes padecen alguna enfermedad mental?

* Concientizar que las enfermedades mentales son reales, y que al igual que cualquier otro tipo de enfermedad, son de causas multifactoriales y eso no significa que la persona no sea “normal” o sea “débil”.

* Entender que acudir a un especialista en salud mental, no significa que estemos locos, sino que requerimos orientación y tratamiento para una condición que está afectando nuestra calidad de vida.

* Saber que estar medicado por alguna enfermedad mental, no nos hará “adictos” sino que será una herramienta que el especialista juzgue conveniente para nuestra recuperación.

* Asumir que acudir a terapia para apoyar nuestra recuperación, no es símbolo de “incapacidad” sino que nos brindará técnicas para manejar nuestra condición.

* Ser más empáticos con nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo o de escuela, para que puedan expresar con confianza cómo se sienten y brindar las condiciones necesarias para su recuperación.

* Por encima de todo, no pedirle a alguien con una enfermedad mental que le eche ganas, pues le hará sentir que no está haciendo lo suficiente, aún cuando sabemos que vivir con una enfermedad mental, es una batalla diaria.

En resumen, entendamos que lo que vimos en pantalla, es un sufrimiento real que viven millones de personas en todo el mundo y que nos exige como sociedad, un cambio de paradigma, para ser contenedores de quienes las sufren y no tengan que llegar a ser parte de las crudas estadísticas sobre suicidio.

Espero que lo anterior les haya sido de interés y que si aún no acuden a ver la película, cuando lo hagan, tengan en mente que se trata de una enfermedad real, al igual que la falta de apoyo.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.