Este fin de semana es especial, el primer sábado y el primer domingo del ciclo escolar 2019-2020. Después de una semana de ajetreo, de volver a la escuela, acostumbrarnos de nuevo a levantarnos muy temprano, salir corriendo… Para mamá y papá lo difícil son las noches, hay que forrar libros y cuadernos, preparar los uniformes, planear el lunch. Y todavía faltan los libros de la SEP.

Estos libros existen desde 1960, gracias al Decreto mediante el cual Adolfo López Mateos, creó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, el 12 de febrero de 1959, cuando la Secretaría de Educación Pública era dirigida por Jaime Torres Bodet.

Pero eso es muy reciente, luego del triunfo de la Revolución los gobiernos mexicanos se encontraron frente a la necesidad de implementar un sistema educativo que tuviera la capacidad (más bien la magia) de cohesionar ideológicamente una sociedad mexicana absolutamente heterogénea, predominantemente analfabeta y en general empobrecida, en un Proyecto de Nación.

Entre 1910 y 1930 circularon en nuestro país diversas publicaciones para cumplir con el objetivo de acompañar a los profesores en la educación de los niños mexicanos. Métodos distintos fueron ensayados, como el onomatopéyico o los parvularios, y editoriales de origen extranjero, como la Librería de la Viuda de Charles Bouret, ofrecían programas inspirados en sistemas educativos de la Europa del siglo XIX.

Pero los buenos maestros mexicanos tenían que manifestarse pronto. La señorita Carmen Norma Monroy, de quien sabemos muy poco, nació en el Estado de Guanajuato a principios del siglo XX. Fue profesora de la Escuela Primaria anexa a la Escuela Nacional de Maestros y especialista en Primer año de primaria. Ella fue la creadora de un Método de lectura que, convertido en libro y con el título de Rosita y Juanito, fue premiado por la Secretaría de Educación Pública y publicado por vez primera en 1934.

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En 1957 se reeditó y pese a que la SEP proveyó de libros desde 1960, Rosita y Juanito se continúa utilizando como material de apoyo a los textos oficiales. Desde entonces, y hasta la actualidad, muchos niños mexicanos hemos aprendido a leer con este método que lleva ya varias ediciones y muchas reimpresiones (no tengo números, de eso no se trata esta columna).

Dedico el comentario de hoy a la Profesora Nohemí Parra Díaz, quien me enseñó a escribir (justo lo que estoy haciendo ahora) y a leer, en compañía de Rosita y Juanito.