Miguel Hernández, cruzó el océano Atlántico y encaminó sus pasos a las campiñas francesas. En ellas, conoció los secretos del cultivo de la vid, aprendió a distinguir entre el viñedo de Pinot Noir y Merlot, además de degustar los vinos que lo inspiraron a crear el propio, un vino poblano, concebido más allá de los volcanes -Popocatépetl e Iztacíhuatl- pero cultivado bajo su influencia “siempre estuve enamorado del vino, de la industria del vino, de los viñedos”.

Enólogo, agrónomo de profesión -a la cual considera más un apostolado que una ocupación- al iniciar este proyecto, propuso a los agricultores destinar sólo una tercera parte de sus tierras, para que conocieran el rendimiento del cultivo de la vid, uno de los más rentables por hectárea, por su nivel de producción y venta –alrededor de mil 600 dólares por tonelada- así como por la cultura de turismo que se genera en su entorno “la cosecha de uva es una vez al año, pero las visitas pueden ser cada fin de semana”, lo que genera un ingreso extra por los recorridos y degustación.

LA PRIMERA VID

La primera etapa inició en 2011, en el municipio de Santa Rita Tlahuapan con mil 100 metros cuadrados y un sólo productor, actualmente son casi cuarenta hectáreas, de más de 70 agricultores radicados en San Felipe Teotlalcingo, San Salvador El Verde, Huejotzingo, Calpan, San Jerónimo Tecuanipan, Tochtepec y Tecamachalco, localidades ubicadas en tres regiones aptas para este fruto, por su suelo y clima.

En éstas, se sembraron las primeras plantas de vid, traídas directamente desde Francia, para lo cual se realizó todo un procedimiento de corte, conservación, refrigeración, traslado y entrega, de acuerdo a los protocolos internacionales.

El clima del Valle de Puebla, es similar al de Borgoña (área conocida por sus vinos), mientras la región de Tecamachalco presenta temperaturas más altas, que permite cultivar uvas para la elaboración de Merlot y Cabernet Sauvignon. De igual manera, la zona de Tehuacán, por sus horas frías invernales, se presta para sembrarla, refiere.

También, con técnicas agrícolas se desarrollaron “clones” e injertos, lo que permitió agilizar la cosecha, al pasar de seis años –como sucede en otros estados del país- a tan sólo un año, procedimiento que llevó a levantar la primera en el 2017 y este año se obtenga la tercera.

Entusiasmado por el avance de su programa, refiere que al ponerlo en marcha, ofreció a los agricultores comprarles la primera cosecha y posteriormente, a través del Consejo Poblano de la Vid, podría iniciarse una “cava cooperativa” para que el productor agrícola, ahora viticultor, pueda vender su propio vino “eso permitirá que en los próximos 10, 15 años, en el mediano plazo, tengamos muchos vinos en Puebla”.

Relata, que la elaboración de vino no es algo nuevo en la entidad, ya que existen registros de esta industria durante la época colonial se trata “de retomar la actividad, sumarlo al patrimonio de Puebla, a la gastronomía poblana” al tiempo que considera que el vino es una pieza clave que faltaba en la cocina poblana.

En entrevista, comenta que a futuro, el territorio poblano al igual que otras entidades del centro del país, se convertirán en importantes productores vinícolas, al haberse agotado los mantos hídricos del norte mexicano, donde históricamente se daba este cultivo “Puebla tiene todos los tipos de clima, desde glaciares hasta desiertos, pasando por estepas, valles, colinas, con muchos tipos de suelo que permiten la creación de diferentes tipos de vino” por lo que en la entidad, podrían darse los mejores vinos mexicanos, afirma, con la seguridad de quien ha visto crecer tanto este cultivo como la confianza en el mismo.

Desde la perspectiva económica, la uva para vino, es un cultivo tan redituable, que el gobierno recupera 35 centavos de cada peso invertido, ya que esta bebida paga dos impuestos, el Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y del Valor Agregado (IVA), además de ser un cultivo con un tiempo de vida de 60 a 100 años o más, con un rendimiento aproximado de ocho a diez toneladas por hectárea, lo que permite a sus inversores, capitalizarse.

Miguel, empresario entusiasta, a sus 32 años, destaca que la mayor satisfacción que siente al promover este cultivo, es el momento en que un agricultor le llama para informarle el crecimiento de los viñedos “es como un milagro” y el mayor reto es aumentar el número de hectáreas, productores y apoyos para los mismos.

LOS RESULTADOS

Preludio es el nombre del primer vino poblano presentado por Casa Miguel Hernández, posteriormente se puso a la venta, Preludio Reserva, elaborado con las mejores uvas Syrah con una crianza de diez meses en barrica.

La nueva estrella es Nobilis –edición limitada- elaborado con frutos cien por ciento de Pinot Noir, de una cepa que se creía imposible de reproducir en suelos mexicano y próximamente se producirá un vino rosado, con una expectativa de alcanzar la producción de hasta diez mil botellas de todos los tipos de esta bebida.

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MEXICO Y EL VINO

* En los últimos cinco años, el consumo de vino en México ha aumentado de 450 a 950 mililitros per cápita

* La meta es alcanzar un consumo de dos a tres litros, por persona, en un plazo de 10 a 15 años

* 1 de cada 3 botellas que se toman en México son de producción nacional

Fuente: Consejo Mexicano Vitivinícola