A propósito del pasado día de la madre y del próximo día del padre, me parece importante hablar del significado que tienen los términos que usamos para referirnos a las relaciones afectivas que tenemos. El propio “madre” o “padre” encierran en sí mismos, toda una serie de ideas y emociones que resultan indispensables y casi universales para definir lo que significa dicha relación.

Cuando hablamos de un proceso de duelo, generalmente también existe un término que encierra en sí mismo el dolor y la idea de pérdida, como el ser “huérfano” o “viudo” o tener un “ex” y cuando alguien nos hace mención de alguno de esos términos, entendemos un poco mejor por lo que está atravesando. Sin embargo, cuando nos referimos a la pérdida de un hijo, no existe un término que lo defina y aquellos padres que se han enfrentado a esto, requieren dar toda una explicación de lo sucedido, porque no hay un término para nombrarlo.

Fue debido a todo esto, que en 2017 la Federación Española de Padres de Niños con Cáncer, lanzó una iniciativa a través de la plataforma change.org para que la RAE incluya el término huérfilo en el diccionario, para definir a aquellos padres que han perdido a un hijo, explicando que se  tomó como base la misma raíz que “huérfano” pero adaptada a los padres, para que de ésta manera se visibilice el dolor que atraviesan y no tengan que ahondar en explicaciones que resultan dolorosas. Lo anterior resulta curioso, porque sólo en hebreo existe una palabra para referirse a los padres que han perdido un hijo y se hace con el término “shjol”.

Con respecto al duelo por la pérdida de un hijo, se ha considerado dentro de los duelos especiales, como uno de los más complicados porque no se llega a la recuperación, ya que es un dolor tan grande que se aprende a vivir con él. Se caracteriza por presentar un dolor puntual, que a diferencia de otros duelos, cuando aparece  el recuerdo, se vuelve doloroso muy rápidamente y persiste a lo largo del tiempo, siendo capaz de alternarse con otro tipo de recuerdos menos dolorosos o más gratos pero que no desaparece.

¿Por qué no se puede estar preparado para la muerte de un hijo? Porque es antinatural, porque ningún padre siquiera contempla la idea de sobrevivir a sus hijos, porque el hijo es quien le da identidad como padre y al perderlo, también pierde dicha identidad y se pierden con él, muchas ilusiones y se vive lo que se llama “fracaso de rol” donde los padres sienten que no hicieron lo necesario para proteger a sus hijos, como no haber descubierto antes la enfermedad o no haber podido evitar el accidente que los mató, entonces aparece la culpa que está asociada a los duelos patológicos o complicados que ya hemos abordado en éste espacio.

¿Cómo puede ayudar una palabra a un padre en duelo? Ayuda a hacer visible su dolor y a afrontar un tema tabú, que  no se quiere nombrar, como si así se evitara que sucediera pero desgraciadamente sucede y sigue siendo un dolor sin nombre. El que exista un término que explique su situación, les devuelve algo de la identidad perdida y son capaces de convivir con su nuevo estado.

¿Cómo podemos ayudar a un huérfilo? Entendiendo que está atravesando por un enorme dolor y que requiere expresarlo sin sentirse juzgado o minimizado. No usemos frases como “Tienes otros hijos” o “Ahora tienes un ángel que te cuida desde el cielo”. No evitemos el tema, como si no hubiera sucedido pero tampoco pidamos detalles que resulten demasiado dolorosos, estemos atentos a sus necesidades de expresión y no nos sintamos obligados a decir algo, pues muchas veces lo único que requieren, es alguien que los escuche con sensibilidad y respeto, resultando más útil, un abrazo que un montón de frases huecas.

Espero que lo anterior les haya sido de utilidad y me gustaría saber qué opinan ustedes del término. Todos sus comentarios son muy valiosos y bienvenidos a través de nuestras redes sociales.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente, desde el diván.