La esperanza que llegó con las primeras vacunas a América del Sur se ha convertido en enojo cuando las campañas de inmunización se han visto envueltas en el escándalo el amiguismo y la corrupción, remeciendo a los gobiernos nacionales y minando la confianza en la clase política.

Cuatro ministros en Perú, Argentina y Ecuador han renunciado este mes o están siendo investigados bajo sospecha de haber recibido u otorgado acceso preferente a las escasas inyecciones contra la COVID-19. Los fiscales en dichos países, y en Brasil, examinan miles de otras acusaciones de irregularidades en las campañas de inoculación, la mayoría involucran a políticos locales y familiares que se han saltado la fila.

Al involucrar a más dignatarios, las acusaciones de crímenes crean tensión en una región donde la indignación popular ante la corrupción y la desigualdad ya se ha desbordado a las calles en protestas estrepitosas contra el statu quo político. La frustración podría volver a desfogarse otra vez en las calles o en las urnas, y decidir las preferencias de voto en las elecciones por venir este año, entre ellas las elecciones de abril en Perú.

“Todos ellos sabían que estaban muriendo los pacientes”, dijo sobre los políticos de su país Robert Campos, un médico en Lima, “y ellos han vacunado hasta la última chusma de su gente”.
La molestia ante los poderosos que se saltaron la fila se ha multiplicado debido a la escasez de vacunas. América del Sur, como otras regiones del mundo en desarrollo, ha batallado para procurar suficientes dosis puesto que los países ricos han comprado los suministros disponibles.

Campos dijo que no estuvo en la lista de vacunación la semana pasada, cuando llegaron dosis limitadas para el personal hospitalario.

Sudamérica ha sido destrozada por el virus al registrar casi una quinta parte de todas las muertes pandémicas en el mundo —450.000, según el conteo oficial— a pesar de que su población representa el 5 por ciento del total mundial. Los datos de mortalidad sugieren que en realidad las cifras de víctimas en la región son del doble de las oficiales.

El virus también ha sobrepasado los sistemas de salud nacionales, empujado a millones a la pobreza y sumido a la región en su peor crisis económica de la historia moderna.
A pesar de ello, la pandemia ha logrado fortalecer el apoyo público de la mayoría de los gobiernos, varios de los cuales han ofrecido ayudas financieras a sus poblaciones y llamado a la unidad.

Los escándalos de las vacunas podrían acabar con este alivio temporal e inaugurar una nueva ola de inestabilidad, advierten los analistas.

“Es mucho más difícil para la gente tolerar la corrupción cuando la salud está en juego”, dijo Mariel Fornoni, de una encuestadora en Buenos Aires.

El descaro de algunos de estos escándalos —que se asemejan a casos en Líbano, España y Filipinas— ha indignado a la región.

En Perú, un viceministro fue inoculado con dosis adicionales de un ensayo clínico junto con su esposa, hermana, dos hijos, un sobrino y una sobrina. El ministro de Ecuador envió dosis del primer lote que llegó al país, destinado al sector público, al asilo de lujo privado donde vive su madre.

Un destacado periodista argentino dio a conocer la semana pasada en una entrevista de radio que fue vacunado en el Ministerio de Salud luego de una llamada a un amigo, que por entonces era el ministro, exhibiendo lo que la gente ha llamado un “vacunatorio VIP” para los aliados del gobierno. En Brasil, los fiscales han pedido la detención del alcalde de Manaos, una ciudad del norte amazónico devastada por dos olas de coronavirus, bajo sospecha de que le dio acceso preferente a la vacuna a sus aliados.

Y en Surinam, el ministro de salud de 38 años dispuso que se le pusiera a él la primera vacuna del país para “dar el ejemplo”.

Al acumularse los destapes, ciudadanos en toda América del Sur acudieron a las redes sociales a denunciar los abusos e identificar a los sospechosos de saltarse la fila. Médicos y enfermeras en Perú protestaron afuera de los hospitales para exigir vacunas al crecer el escándalo de la vacunación irregular.

Han dimitido los ministros de salud de Perú y Argentina, donde el exfuncionario fue acusado de abuso de poder; en Ecuador, el ministro de Salud enfrenta un juicio de destitución y una investigación penal.

El escándalo de las vacunas ha tenido especial eco en Perú, donde la pandemia ha matado más de 45.000 personas, según el registro oficial, aunque los datos de exceso de muertes sugieren que la cifra real podría ser de más del doble.

Este mes, el médico a cargo del primer ensayo clínico de vacunas en Perú reconoció haber inoculado a casi 250 políticos, figuras prominentes y allegados empleando dosis adicionales no declaradas. Algunos recibieron tres dosis, según el director del ensayo, Germán Málaga, en un intento por aumentar su inmunidad.

El escándalo estremeció a un país ya envuelto en una serie de investigaciones de corrupción que han erosionado la confianza en las instituciones democráticas y atrapado a los seis expresidentes más recientes del país.

Solo uno de los expresidentes, Martín Vizcarra, abandonó el poder con altas tasas de aprobación, gracias a su postura frente a la corrupción. Ahora Vizcarra está inmiscuido en el escándalo del ensayo de vacunas luego de que se dio a conocer que se le vacunó cuando estaba en el cargo e intentó ocultarlo.

“Teníamos la esperanza de que él fuera una persona correcta”, dijo Ana Merino, vendedora de periódicos en Lima que perdió a su marido a causa de la covid el año pasado. “¿Entonces a quién nos arrimamos? ¿Quién queda?”.

La lista de beneficiados ilícitamente por el ensayo en Perú incluye a la ministra de salud, reguladores médicos, los anfitriones académicos del ensayo e incluso al enviado del Vaticano al país. El nuncio, Nicola Girasoli, le dijo a la prensa local que le otorgaron la vacuna por actuar como “consultor de ética” para la universidad que realizaba el ensayo.

Luego de su renuncia, la ministra de Salud de Perú, Pilar Mazzetti, dijo que recibir la inyección había sido “el peor error de mi vida”. Otra funcionaria que fue beneficiada por el ensayo, la ministra de Exteriores, Elizabeth Astete, también renunció después de haberse defendido diciendo que “no podía darse el lujo” de enfermarse mientras trabajaba.

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