Si no es para adquirir más arte, la venta es una mancha en el historial museístico y hasta conlleva sanciones. Solo que la pandemia ha roto este tabú, al punto que la Royal Academy obtendría liquidez con un mármol de Miguel Ángel y el Museo de Brooklyn subastará doce piezas. En otros temas, el director Gustavo Dudamel nos lleva al interior de la música clásica y 'Enola Holmes' hasta el corazón de la libertad y la valentía. La nueva cinta de Miranda July y los discos de Sam Smith, Lous And The Yakuza y Alicia Keys rematan esta crónica.

En un tiempo anterior a la pandemia, que un museo o institución vendiera una obra era un sacrilegio. Podía venderla, como mucho, para obtener otra y enriquecer sus piezas de colección. Pero hacerlo para ganar dinero era un límite sagrado del arte, ya que básicamente va contra la preservación de lo que es colectivo, de la historia que pertenece a las generaciones venideras. Y por ello, hasta sugerirlo, era tabú y podía acarrear sanciones.

Sin embargo, el nuevo coronavirus ha resquebrajado ese imaginario, tras provocar meses de cierre en numerosos museos del mundo. Ante la falta de liquidez de ese otro tiempo mejor, el lado museístico anglosajón, especialmente de Reino Unido y Estados Unidos, ha lanzado el dilema prohibido que da inicio a esta crónica.

Es el caso de la Royal Academy of Arts de Londres, que se encuentra en la tesitura de vender un mármol de Miguel Ángel o despedir a 150 trabajadores (el 40% de su plantilla actual). Nunca antes en 250 años de trayectoria había tenido tal problema, y tal vez por eso los impulsores de la propuesta son algunos académicos, y no los que dirigen la RA, "horrorizados" por el plan, según The Guardian.

La decisión final, sea cuál sea, no echa para atrás este debate, que para la Royal supondría una reducción de costos anuales de nueve millones de euros (más de diez millones de dólares), en un país que aún está pendiente de entregar 1.800 millones de euros (más de 2.000 millones de dólares) a las instituciones culturales. Claro que la perdida sería el bajorrelieve 'Tondo Taddei' de la imagen, creado en 1504 por Miguel Ángel, por encargo de una rica familia florentina. En la obra se ve a la Virgen con el niño y San Juan, y es considerada una de las joyas de la casa.

Una joya versus doce. Porque si la Royal se resiste a perder la única escultura del artista italiano en Reino Unido, el Brooklyn Museum se ha decidido a subastar en Christie's doce piezas que aliviarían sus presiones financieras. En Estados Unidos, como puede comprobarse, las reglas museísticas han cambiado más, al punto que la Association of Art Museum Directors permitirá hasta el 10 abril de 2022 que los museos vendan obras, siempre que "utilicen las ganancias para pagar los gastos asociados en el cuidado directo de las colecciones".

No gusta a nadie, pero en la balanza pesa que sigan existiendo museos como el de Brooklyn, que será el primero en optar a lo grande a esta salida. Y el límite, ahora en tiempos de Covid-19, será que el dinero se emplee en limpiar o transportar una obra de arte, así como cubrir los salarios de los profesionales involucrados.

Es curioso porque en inglés esta práctica cuenta con una palabra, 'deaccessioning', ya implantada en el mundo del arte. Pero como explicamos, no está bien valorada, y menos si supone vender pinturas de Corot, Courbet o Cranach. El de Brooklyn se defiende alegando que las obras suponen una pequeña parte de su colección (que consta de más de 160.000 piezas) y que su selección se hizo pensando en el todo, en cómo afectaría su ausencia en la explicación del resto de los artistas.

Por el 'Tondo Taddei', la Royal Academy podría lograr 110 millones de euros (unos 127 millones de dólares). Mientras que el Museo de Brooklyn podría recaudar unos 30.000 dólares solo por una obra de Vibert y 1,8 millones solo por la bella 'Lucrecia' de Cranach. Una venta cuyo otro de los límites es que sean objetos de arte no contemporáneos.