Todo fue virtual durante cuatro meses: las clases de modelaje y de oratoria, los cursos de maquillaje y las sesiones de apoyo emocional vía zoom. Y cuando tuvieron que realizar el primer ensayo presencial las ocho finalistas a Miss Nicaragua utilizaron mascarillas durante el desfile.

“Lo pensé 50 mil veces pero finalmente lo hicimos. Logramos organizar el evento bajo la pandemia, con mascarillas, con distanciamiento físico y poco dinero, a punta de talento y creatividad”, dijo a The Associated Press Karen Celebertti, quien durante los últimos 20 años ha tenido a su cargo la organización de Miss Nicaragua.

El sábado por la noche, la corona de Miss Nicaragua la ganó Ana Marcelo, una ingeniera agroindustrial de 23 años originaria de Estelí (norte), que también se alzó con cuatro premios: rostro, piel, cabello y estilo. En 2015, Marcelo ganó el concurso Miss Teen Américas celebrado en El Salvador.

La coronación de la joven que representará a Nicaragua en el Miss Universo se celebró en la amplia terraza al aire libre de un hotel de Managua, con muy poco público (dos invitados por cada candidata, ubicados en sillas alejadas entre sí) y un equipo de producción de unas 85 personas.

Lavamanos portátiles y doctores con mascarillas que tomaban la temperatura en la entrada, completaron el protocolo de bioseguridad del 38vo concurso Miss Nicaragua, que debido a la pandemia de COVID-19 tuvo que posponerse de mayo a agosto y readaptar toda su dinámica.

Durante la ceremonia, las ocho finalistas desfilaron en vestidos de baño y trajes de noche. Los miembros del jurado usaban mascarillas y se sentaron en sillas distantes entre sí.

A diferencia de los masivos eventos religiosos y deportivos promovidos por el gobierno bajo la pandemia, donde miles han sido expuestos al contagio del virus, Miss Nicaragua se privó esta vez de las tradicionales “barras” para aclamar a las candidatas, un factor que imprime alegría y emoción a toda competencia.

Celebertti, exreina de belleza de Matagalpa (norte) en 1992, dirige este certamen desde el año 2000. Afirma que tuvieron que “reinventarse”, ya que el coronavirus llegó al país apenas unos días después del casting de las candidatas, el 13 de marzo. Desde entonces, todo fue virtual.

“Tuvieron ensayos y clases vía zoom, supervisados por mí desde mi casa. Las muchachas tuvieron una profesora de oratoria, un asesor de imagen y estilistas online que les enseñaron a peinarse y maquillarse solas, no había otra opción”, explica.


En julio realizaron el primero de varios ensayos presenciales, en los que las ocho candidatas practicaron sus desfiles con mascarillas. “Cada sesión fue supervisada por doctoras y nadie resultó contagiado”, dice Celebertti.

“Algunos me criticaron por hacer este evento, pero nos cuidamos mucho para lograrlo. La verdad es que la gente necesita ver noticias buenas, que entretengan”, justifica la organizadora del certamen, financiado totalmente por empresas privadas y en ocasiones con canje o trueque de servicios.

Celebertti tampoco se amilana por las críticas de quienes solo ven frivolidad en los concursos de belleza.

“Yo soy feminista, porque defiendo el derecho de cada mujer a hacer lo quiere hacer, porque mi trabajo se enfoca en el desarrollo y el crecimiento personal de las jóvenes”, subrayó.

En su más reciente informe del martes pasado, el Ministerio de Salud de Nicaragua registró 123 muertos por coronavirus y 3.902 casos confirmados. Sin embargo, el Observatorio Ciudadano COVID-19, que aglutina a médicos y activistas independientes, reportó el viernes 2.591 fallecidos con síntomas de la enfermedad, incluyendo 139 por neumonía, así como 9.436 casos sospechosos en un país donde las pruebas sólo las realiza el gobierno.