La procedencia de las piedras que conforman Stonehenge ha sido debatida durante siglos. Hasta ahora, los científicos habían logrado descifrar el origen más probable de la mayoría de ellas, menos el de la conocida como el Altar, una losa plana de arsénica verdosa que permanece en el centro del monumento megalítico y que es claramente diferente a las demás.

En 1923, un geólogo asumió que esta roca provenía de las costas cercanas a la localidad de Milford Haven, al sudeste de Gales (Reino Unido), al igual que una serie de pilares más pequeños de Stonehenge, llamadas piedras azules, y que todas ellas fueron transportadas en balsas por el mar. Sin embargo, un nuevo análisis de su estructura microscópica publicado esta semana en la revista Journal of Archaeological Science respalda una nueva teoría.

Rcichard Bevins, del Museo Nacional de Gales y autor principal del estudio, cree más probable que el Altar, de unas seis toneladas y por su composición considerado "exótico" para la llanura en donde se encuentra el monumento, provenga de Abergavenny, localizado a unos 160 kilómetros al este de Milford Haven, a pocos kilómetros de la frontera entre Gales e Inglaterra. Esta conclusión es resultado de una serie de análisis cuantitativos de datos mineralógicos basados en los porcentajes de cementos de calcita, caolinita y barita. "La abundancia de caolinita en la muestra de la Piedra del Altar sugiere una fuente más al este", subraya la investigación.

Por otro lado, la relocalización de su origen también pone en duda el método de traslado, no solo del Altar, sino de las piedras azules, que ahora se cree que provienen de una zona montañosa de Preseli, en el oeste del condado galés de Pembrokshire. Benvis y su equipo consideran que estas fueron arrastradas hacia el este a través de una ruta terrestre mucho más plana que la que habría supuesto llevarlas hasta la costa.

La nueva evidencia ha "destruido totalmente" la teoría de la balsa, que señalaba que las piedras fueron llevadas hasta Milford Haven, en el sur de Gales, y puestas en balsas o colgadas entre barcos y transportadas por el canal de Bristol hasta su actual hogar, asegura Rob Ixer, del Instituto de Arqueología del University College de Londres y coautor del hallazgo. Asimismo, Ixer sopesa la posibilidad de que los nativos de la zona movieron las piedras distancias relativamente cortas antes de pasarlas al siguiente clan y cree que dichas entregas de mano en mano estuvieron acompañadas de "una celebración" a manera de carnaval.