Martina Brostrom, empleada de la ONU conocida como una de las figuras icónicas del movimiento #MeToo dentro de esa organización, fue despedida la semana pasada por irregularidades financieras y mala conducta sexual.

En marzo del 2018, la mujer, que trabajó en el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (ONUSIDA), declaró que hacía tres años el entonces director del programa, Luiz Loures, la acosó sexualmente. Aunque la investigación interna no confirmó las acusaciones, Brostrom opina que el hecho de que la despidieran la semana pasada está vinculado con ese caso.

"Hablé sobre lo que me sucedió y lo que sucedía en ONUSIDA. Como consecuencia, he sufrido tremendamente", cita AP a la exempleada de la ONU.

Por su parte, desde ONUSIDA aseveran que la expulsión de Brostrom junto con su supervisor no tiene nada que ver con las declaraciones de la mujer y la investigación interna empezó ocho meses antes de las denuncias de Brostrom.

"Dos miembros del personal fueron despedidos de ONUSIDA después de que una investigación independiente concluyera, más allá de toda duda razonable, que habían utilizado indebidamente los fondos y recursos corporativos de ONUSIDA y habían realizado otras conductas indebidas, incluida la conducta indebida sexual", dijo a AP la vocera del programa, Sophie Barton-Knott. Asimismo, calificó de "infundadas y engañosas" las sugerencias de que se trate de venganza por las denuncias de Brostrom.

Según los documentos internos de la organización, obtenidos por los periodistas, los dos fueron acusados de "prácticas fraudulentas y mal uso de fondos de viaje". En particular, durante sus viajes supuestamente solían "abusar de los privilegios de la ONU al solicitar tarifas especiales de la ONU con el propósito de reservar hoteles para encuentros sexuales". Además, utilizaban su correo electrónico de trabajo "para intercambiar mensajes con lenguaje sexual explícito, blasfemias y desnudez".