Es un secreto a voces que los océanos del planeta se encuentran en un estado muy precario: contaminación, sobrepesca, cambio climático y otros factores negativos asociados a los humanos (como el derrame de petróleo) están transformando nuestros preciosos océanos a un ritmo tan desalentador que sus habitantes no pueden hacerles frente. Llevamos explotándolos durante siglos, aunque nuestra marca es más profunda desde hace 50 años aproximadamente. El resultado es una caída en las poblaciones de peces, blanqueamiento de los arrecifes de coral y una reducción palpable de la biodiversidad, según documentó en 2019 el informe anual del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC).

Afortunadamente no es tarde para arreglarlo.

Un equipo internacional de investigadores de 16 universidades e instituciones, entre las que se encuentra el Instituto Tecnológico de Massachusetts, afirma que la humanidad está en un punto en el que debe elegir si dejar a las generaciones futuras un océano resistente y vibrante o uno "irreversiblemente perturbado".

Los expertos han establecido una hoja de ruta de acciones necesarias para que la vida marina del planeta se recupere por completo en 30 años, en base a los esfuerzos de conservación previos. Así, proteger las especies, restaurar los hábitats, reducir la contaminación y mitigar lo peor del cambio climático mediante la reducción de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero son algunas de las importantes tareas que quedan por delante.



Requerirá un esfuerzo sustancial por parte de todos

Los esfuerzos de conservación están dando sus frutos y podrían ayudar a recuperar los daños en los ecosistemas, si se aplican a mayor escala, pues se ha demostrado la gran resiliencia de estos ecosistemas, a pesar de los daños ocurridos durante el siglo XX. Si bien la tarea es extremadamente ambiciosa y está llena de grandes obstáculos, el estudio, publicado en Nature, muestra que una recuperación total es posible si se toman medidas a nivel mundial.

Recuperación de los mares

El informe concluye que el número de ballenas jorobadas, que estuvieron cerca de la extinción en la década de 1960, se ha recuperado desde la prohibición de la caza comercial de ballenas y la proporción de especies marinas evaluadas como amenazadas de extinción global por la UICN ha caído del 18% en 2000 al 11,4% en 2019.

Las poblaciones de focas grises también han aumentado en un 1,410% en el este de Canadá y las nutrias marinas del sur han crecido de unas pocas docenas de individuos a varios miles desde 1911. Las tortugas verdes también han aumentado sus poblaciones de anidación entre un 4-14% por año, según algunas estimaciones. Pero aún queda mucho por hacer.

¿Cuáles son las soluciones?

Los investigadores identificaron nueve componentes que son clave para la reconstrucción de los océanos: marismas, manglares, praderas marinos, arrecifes de coral, algas marinas, bancos de ostras, pesca, megafauna y océano profundo. En ellos, hay que concentrarse en seis tipos de intervenciones (o “cuñas de recuperación”): proteger especies, hacer aprovechamientos sabios y racionales, proteger espacios, mitigar el cambio climático, restaurar hábitats y reducir la contaminación.

Si lo hacemos, “se demuestra que la abundancia de vida marina se puede recuperar dentro de una generación humana, de dos a tres décadas, para 2050”, dice Duarte.

Es un gran desafío que implicaría no solo cumplir los objetivos del Acuerdo de París sino también regular la caza, la caza furtiva, la sobrepesca y una mayor regulación de las industrias que explotan las profundidades del mar. Es un gran desafío, pero este trabajo sugiere que la complicada situación del océano podría no ser tan desesperada como parece.

"Tenemos una pequeña oportunidad para dejar un océano saludable a la generación de nuestros nietos, y tenemos el conocimiento y las herramientas para hacerlo. No podemos condenar a nuestros nietos a un océano destrozado y sin medios de vida de alta calidad; no es una opción", aclara Carlos Duarte, del Centro de Investigación del Mar Rojo de la Universidad de Ciencia y Tecnología King Abdullah en Arabia Saudita.