Flick estaba en el banquillo la noche en la que Alemania barrió a Brasil por 7-1 en las semifinales del Mundial de 2014, en Belo Horizonte.

El técnico era entonces el asistente del seleccionador alemán, Joachim Low, y fue testigo directo (y artífice) de una goleada histórica a los anfitriones de aquella Copa del Mundo.

El partido se recuerda desde entonces como una de las mejores actuaciones de un equipo alemán; como también lo será, a partir de ahora, el encuentro que el Bayern protagonizó el viernes en el Estadio da Luz de Lisboa.

El trauma del “7-1” todavía se nota en el fútbol brasileño, el sentimiento de vergüenza y rabia que dejó aquella derrota sigue presente.

De la misma forma que continúan los debates sobre las causas de la goleada y las posibles soluciones para el fútbol carioca.

Es difícil imaginar cuánto tiempo necesitará el Barcelona para recuperarse del “8-2”, pero mientras Brasil contó con cuatro años -hasta el siguiente Mundial- para digerir la goleada, los azulgranas no tienen tanto tiempo. Luiz Felipe Scolari dimitió como técnico de Brasil un día después de que finalizase la Copa del Mundo, y parece que Quique Setién hará lo propio.

Si lo hace, probablemente no sea el único que pague por la dolorosa goleada del viernes, en la que el Barça tiró la toalla en el tramo final del partido.

“Creo que ahora mismo es muy pronto para hablar de si sigo o no en el club”, dijo Setién al término del encuentro.

“Me ha dolido mucho está derrota tan abultada, la manera en la que se ha producido.

Es tremendamente dolorosa por lo que supone para la afición y para el club”, indicó en rueda de prensa.

SEÑALES DE DECADENCIA

El Barcelona ganó su última Copa de Europa en 2015, y desde entonces las señales de decadencia se han hecho cada vez más evidentes (aunque nadie podía imaginar un final tan desastroso como el de Lisboa).

Lejos quedan los días en los que Andrés Iniesta, Xavi Hernández y el propio Messi, dirigidos por Pep Guardiola, dominaban Europa con un fútbol asociativo y vistoso, que llenó de trofeos las vitrinas del club. Niños de todos los rincones del mundo elegían portar la camiseta azulrana a rayas, que entonces se asociaba al triunfo y a un fútbol espectacular.

Ahora, sin embargo, los aficionados del Barça exigen cambios profundos. El club debe pagar, entre otras cosas, los errores a la hora de fichar, con los que han traído a muy alto precio a jugadores que no han dado la talla.

Nada pone mejor de manifiesto el despropósito que ha sido el Barça en materia de traspasos durante las últimas temporadas que el caso Coutinho.

El centrocampista brasileño fue fichado del Liverpool por más de 100 millones de libras en enero de 2018. Sólo un año y medio después, tras no convencer al equipo técnico, se fue cedido al Bayern.

Todavía como jugador del Barça, Coutinho anotó anoche los dos últimos goles de los alemanes, el séptimo y el octavo, ante la pasividad de la defensa azulgrana. El famoso “estilo” del Barça catapultó al club a otra dimensión hace sólo unos pocos años, con títulos, buen juego y una apuesta por jugadores de la casa. La derrota de anoche supone un contrapunto a aquella época.

El club tiene ahora un duro camino por delante para recuperarse y redescubrirse.