Entre los habitantes de este municipio prevalece la idea de que “En Naucalpan, no en Tacuba, está el árbol de la noche triste”, que “para nosotros fue una noche victoriosa la ocurrida el 30 de junio de 1520”.

En 1993 el entonces cronista y premio nacional de periodismo, Ricardo Poery Cervantes publicó el libro “En Naucalpan, no en Tacuba, está el árbol de la ´Noche triste¨”, bajo la hipótesis de que Hernán Cortés venía huyendo de los mexicas y no podía quedarse a pocos kilómetros de la Gran Tenochtitlán, prácticamente sobre la misma calzada que conduce a lo que hoy conocemos como el Zócalo de la Ciudad de México.

Los españoles tuvieron que caminar, huir al menos por unos 10 a 15 kilómetros hasta Naucalpan, donde hay vestigios de que las tropas de Hernán Cortés permanecieron, señaló Ricardo Poery en su libro.

Hipótesis histórica que aún no se comprueba y que debe seguirse investigando, señaló Abigail Martínez Salas, secretaria de Cultura de Naucalpan, al señalar que lo que sí es cierto es que en San Juan Totoltepec permanecieron las tropas de los españoles, quienes construyeron aquí una de las primeras ermitas de América, en honor a la virgen de Los Remedios, cuya imagen llegó hace 500 años.

Naucalpan es partícipe de ese momento histórico, los españoles se resguardaron aquí al ser perseguidos por los mexicas y para los naucalpenses es agradable escuchar que aquí podría estar el árbol de la noche victoriosa, que está vivo y es verde y no un tronco seco, pero sobre todo que somos parte de esa etapa de la historia de la que surgimos los mexicanos, por lo que las investigaciones deben continuar, apuntó la secretaria de Cultura.

El ahuehuete de San Juan Totoltepec, que ahora tiene más de 700 años de antigüedad, permanece protegido y casi oculto por temor a que pueda ser quemado o dañado, pero este no es el árbol en el que lloró Hernán Cortés el 30 de junio de 1530, “eso fue un invento del cronista Poery”, afirmó Roberto Lascurain Gargollo, cuya familia es dueña del predio en el que se ubica el viejo pino.

Expertos de la Universidad de Chapingo, analizaron la antigüedad del ahuehuete de San Juan Totoltepec y determinaron que para 1520 este árbol tendría cerca de 200 años, no obstante su tronco en esa época sería insignificante para llamar la atención del conquistador, apuntó Roberto Lascurain.

Lo que es un hecho es que a la gente le da por quemar estos viejos ahuehuetes, que es lo que pasó al de Popotla, que ahora prácticamente está muerto, por eso protegemos y mantenemos oculto este árbol de agua, que ahora mide unos 4 metros de radio por casi 30 de alto afirmó Roberto Lascurain.