Morelos fue uno de los estados que sufrió mayores estragos en su patrimonio histórico por los sismos de septiembre de 2017, con un saldo de 259 inmuebles históricos con distintos grados de afectación. La oportuna reacción de la Secretaría de Cultura, a través de los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en esa entidad, ha permitido, a dos años de esos eventos sísmicos, llevar a cabo la intervención de 132 de estas edificaciones, las cuales representan poco más de la mitad del total afectado.

Para el arquitecto Fernando Duarte Soriano, coordinador de la Sección de Monumentos Históricos del Centro INAH Morelos, la experiencia previa en la atención de los daños por los temblores de junio de 1999, fue clave para atender de manera adecuada, la destrucción dejada por la catástrofe más reciente. En este 2020, dijo, la meta es comenzar el proceso de intervención en los monumentos restantes, aunque existen casos muy complejos en términos de rehabilitación.

En el último cuatrimestre de 2019, se concluyeron los trabajos en 13 inmuebles: capillas, iglesias y un santuario, siete de ellos localizados en los municipios de Ocuituco y Tepalcingo; además de los monumentos arqueológicos deteriorados en Chalcatzingo y Chimalacatlán, sitios ubicados respectivamente en Jantetelco y Tlaquiltenango. En la localidad de Ocotepec, en Cuernavaca, se finalizó la intervención de la Capilla del Calvario, mientras que en el municipio de Tetela de Volcán se entregó la Capilla de San Miguel, lo mismo que la Capilla de San Juan Bautista en Yautepec, y la iglesia de Santo Domingo, en Ticumán, ayuntamiento de Tlaltizapán.

Los inmuebles intervenidos entre septiembre y diciembre del pasado año, contaron con recursos del seguro contratado por el INAH, y corresponden a aquellos con categoría de afectación 2, es decir, moderada. Fernando Duarte hace hincapié en la estrecha comunicación que se tiene con la Diócesis de Cuernavaca, la cual, a su vez, es el enlace con los párrocos para informar sobre estas tareas de conservación y restauración, tanto de los monumentos como de los bienes muebles, y con los que se programa la entrega de los mismos a la feligresía.

De esta manera, “la comunidad puede tener la seguridad de que sus edificios están recuperados en su estructura: muros, bóvedas, campanarios, cúpulas, contrafuertes, todos los elementos que resultaron dañados. En algunos casos, aunque ya han sido concluidos, consideramos que no se utilicen al cien por ciento, sobre todo los campanarios, hasta que los materiales se encuentran totalmente consolidados, y entonces sí fijar una fecha de entrega.

Se trata de garantizar que estos espacios sean seguros para su reapertura al culto”. Por el momento, las capillas dedicadas a San Francisco de Asís, a la Virgen de Guadalupe y a los Santos Reyes, en Tepalcingo, ya abrieron de nuevo sus puertas a los feligreses, tras su entrega formal. Sobre el proceso de intervención, el arquitecto Duarte comenta que uno de los criterios principales ha sido la utilización de materiales compatibles con el sistema constructivo original de estas edificaciones: el uso de la cal con arcillas y arenas, y restitución con mamposterías; técnicas que serán la guía para las autoridades eclesiales y los parroquianos, cuando se necesite de nuevas reparaciones. Asimismo, es aconsejable que, al menos una vez al año, se dé mantenimiento a las iglesias, principalmente a las cubiertas.

“En estos trabajos estamos rebasando las técnicas de intervención implementadas en daños por sismos anteriores. Esa experiencia que nos dejaron eventos telúricos, como los de hace 20 años, la estamos aprovechando y, ahora, brindamos un plus de seguridad, cada intervención la hacemos con sus materiales de fábrica, pero con unos mejores cosidos de mampostería —en grietas y fracturas—, y de esta forma logramos una mejor estabilidad estructural. “Como parte de estas tareas, también estamos retirando agregados como losas de concreto o estructuras metálicas y, en la medida de lo posible, recuperar la fisonomía con los materiales originales de fábrica”, reiteró.

La puesta en valor de la arquitectura religiosa de Morelos, la cual sufrió los mayores estragos, ha representado un reto mayor para el INAH como organismo normativo y supervisor de esta titánica tarea, el cual también está involucrado en la ejecución de las obras y la aplicación de los seguros correspondientes. En el afán de que los feligreses contarán con un espacio, algunos atrios se acondicionaron para la celebración de misas, simultáneamente a la ejecución de las obras.

En palabras del encargo del área de Monumentos Históricos del Centro INAH Morelos, la institución persevera en el reto de rehabilitar el patrimonio edificado que fue afectado por los sismos de 2017, “y aunque las comunidades desean verlo concluido, todo conlleva un proceso y se necesita crear conciencia que estos espacios fueron construidos a lo largo de décadas, e incluso su construcción trascendió siglos. Lo importante es que estamos haciendo un buen papel en su intervención, con los tiempos y materiales adecuados, y con la asesoría de expertos internacionales”.